Sep 30, 2004

El populismo bolivariano, seguro camino hacia ninguna parte

El populismo bolivariano, seguro camino hacia ninguna parte
Julio Cirino

Podríamos extendernos en el análisis del “fraude electrónico” tal y como lo denuncia la oposición; lo hubo o no lo hubo, el debate es hoy casi bizantino (y sólo como una nota personal, no creo que se apelara al fraude informático) Chávez es un dato de la realidad. Creo sí que tiene mucho más sentido examinar con algún detalle el “populismo bolivariano” y su viabilidad regional, del mismo modo que conviene revisar cómo se conecta con la administración de Néstor Kirchner y hasta que punto se puede hablar de un populismo regional.

Otro interrogante significativo y tal vez más relevante aún es la reflexión respecto de las características que toma el sistema democrático en medio de lo que se muestra como una imparable oleada de populismo que parecería llevarse todo por delante.

Que existe una desilusión generalizada con las reformas económicas, las privatizaciones, la apertura y todo aquello que cae dentro de la calificación “neo-liberalismo” no parece hoy discutible; lo que sí lo es, son las causas reales de esta desilusión y lo que es más importante aún, si la solución está en una vuelta al Estado como actor capaz de remediar el deterioro global de la calidad de vida de nuestra población.

Hacia finales de los años 80 había concluido de extinguirse la idea, común después de la Segunda Guerra Mundial que el Estado era quien debía planificar y dirigir la economía, asignando los recursos y regulando todos los aspectos de la misma. A lo largo de la década siguiente pareció consolidarse una visión donde el individuo, la libertad, la democracia y la economía de mercado eran conceptos compartidos y que aceptando los errores y limitaciones impuestos por las realidades de cada uno de los países, el modelo global para el crecimiento y el desarrollo estaba afianzado y giraba en torno a lo hecho por Chile en las últimas décadas.

La izquierda revolucionaria se había quedado sin proyecto, no solamente por la caída del muro de Berlín sino porque no podía dar respuesta a las demandas de prosperidad de los pueblos y porque sus revoluciones regionales (Cuba y Nicaragua) languidecían sin remedio.

Para Venezuela, el mar de petróleo sobre el que se asienta es a la vez su bendición y su condena, ya que a lo largo de las últimas décadas fueron muchos más los dirigentes que basaron sus gestiones en el milagro petrolero que los que intentaron gestar un país cuyo presupuesto no estuviera atado al barril de crudo.

La clase política venezolana probó tener mucho en común con la de la Argentina en cuanto a una asombrosa capacidad para “representarse a sí misma” mostrando, a la vez elevados índices de corrupción; así en febrero de 1992 el entonces teniente coronel Hugo Chávez fracasa en su intento de derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. Pasa dos años en la cárcel hasta ser indultado por Rafael Caldera – quien había sucedido en la presidencia a Carlos Andrés —.

Para las elecciones de 1998 el movimiento Quinta República que tenía como caudillo a Hugo Chávez está listo para tomar el poder con una base donde se privilegia la lucha contra la corrupción y el establishment; reformada la Constitución, Chávez es reelecto en Julio de 2000 (por seis años) y sobrevive al intento de golpe de estado de abril del 2002 y a una huelga general que se extendió por dos meses (Diciembre a Febrero 2002-03).

GEOPOLítica del populismo.
Consolidado por el resultado electoral de agosto 2004 y apuntaladas sus finanzas por un barril de petróleo a precio récord, ¿es Venezuela un problema geopolítico en el horizonte hemisférico?

No lo parecería en el sentido visible y obvio del término; es poco probable que Hugo Chávez se embarque en aventuras que, ostensiblemente, lo lleven a confrontar con Washington (su mala relación con la administración de George W. Bush tiene mucho más de pirotecnia verbal que de hostilidad activa y no son pocas las compañías de USA que se sienten cómodas haciendo negocios con el “bolivariano”.

En el Caribe, un decrépito Fidel Castro sin duda respiró aliviado; la ayuda para la revolución que nunca despegó seguirá fluyendo en la forma de 53.000 barriles de petróleo subsidiado por día, a cambio de los servicios en Venezuela de maestros, médicos y expertos en inteligencia cubanos que apuntalan la revolución bolivariana, tal y como en otras épocas más florecientes supieron hacer con Angola.

En el extremo sur del mapa, Lula da Silva muestra hacia Chávez una cautelosa simpatía, y si bien no duda en “sacarse la foto” con el venezolano, su política hemisférica, no sólo procura hacer a su país atractivo para la inversión extranjera (evita el default de su deuda externa) sino que se aleja de la verba incendiaria y confrontacional de su colega.

Ni que mencionar a Ricardo Lagos, el presidente “socialista” de Chile que concreta el ansiado y postergado acuerdo bilateral de libre comercio con los Estados Unidos al tiempo que se proyecta activamente sobre los países asiáticos. Tanto Lula cuanto Lagos estructuraron políticas exteriores muy activas en las que se involucraron personalmente toda vez que lo consideraron necesario. Por ejemplo, Brasil trabaja sin descanso en procura de la silla permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, al tiempo que Lagos, firmemente imbricado con EE.UU habla de igual a igual con Corea del sur, Japón y China. Esto relativiza la relevancia de las relaciones con Caracas que se convierten en una pieza más dentro de una proyección global.

No sucede lo mismo con Néstor Kirchner, un ser de apariencia misógina y desconfiada, orgulloso en su desconocimiento de un planeta que recíprocamente tampoco recuerda su nombre. Hombre de carácter tempestuoso, con veleidades de déspota ilustrado mezcladas con un populismo autoritario propio de los años 70. Tal personaje cae cautivado por el carisma y la gracia del caribeño, dueño no sólo de una abultada billetera sino de una simpatía y habilidad actoral propia de los trópicos que el sureño de dicción difícil parece admirar.

No es de sorprender que, rápidamente enfriados los tempranos ardores por Lula da Silva; casi gélidas las relaciones con un circunspecto gasificado y pragmático Ricardo Lagos; en medio de rutinarios y tempestuosos intercambios con un peculiar presidente uruguayo (quien además va de salida) casi ausentes de la región andina (Perú y Ecuador poco y nada aparecen en nuestra agenda) y con una indiferencia crítica hacia un popular Alvaro Uribe presidente de una Colombia que va triunfando con las armas en la mano contra el narco-terrorismo. Enfriadas por Lula las apetencias de incidir en el embrollo boliviano, Kirchner terminará por recostarse en el gran vendedor de humo; así compró con caja y todo la “revolución bolivariana” que ha de salvarnos; así como un año atrás recitó con fe de conversos que Lula sería nuestro salvador y el líder de la lucha contra los malvados “neoliberales”, sólo para descubrir tardíamente lo que cualquier aficionado podía haberle anticipado; que Lula va a privilegiars lo que él interpreta son los intereses permanentes de Brasil.

EL POPULISMO RADIOGRAFIADO.
Muy poco hay de nuevo en lo que podría llamarse el “recetario” populista, excepto una inteligente adecuación al momento histórico, a las geografías humanas y a los métodos de comunicación.

El populismo de hoy es el que en otras épocas se nutrió de los desocupados que pululaban por las cervecerías alemanas, se lo vió en San Petersburgo, en Roma, en Moscú y algo mas avanzado el siglo XX recaló en Buenos Aires. Aparece siempre convocado por fracasos, derrotas y desastres, vestido con traje “milagrero” promete y reparte hasta que nada más queda por prometer o repartir, entra entonces en una especie de hibernación histórica, hasta que se olviden sus desastres, presto siempre a repetir el ciclo tan pronto como un aspirante a “líder de masas” le despierte, tanto en Caracas como en Buenos Aires propone nuevamente ensayar sus modelos mágicos de crecimiento basados en la infinita capacidad del estado para multiplicar los panes y los peces.

En Venezuela se le ve parado sobre un barril de petróleo, como antaño; es la “revolución bolivariana” que se presenta como algo taumatúrgico, con respuestas para todas las preguntas, su caudillo es el conductor de concentraciones multitudinarias donde las camisas, pañuelos y boinas rojas, los cantos, slogans e interminables discursos “fidelianos” nos recuerdan a otras geografías y otros tiempos, rememoran un pasado que creíamos olvidado pero que vuelve a perseguirnos una y otra vez.

Los resultados de la votación del pasado 15 de agosto dejan a la vista que si se cuenta con organización territorial, pero sobre todo con bastante dinero, en un contexto de pobreza generalizada resulta simple aprovechar la necesidad para convertirla en votos, perfeccionando así un sistema clientelar que ni el mismo PRI mexicano pudo soñar en sus mejores años. Venezuela quedó ahora aún mas polarizada que entes de la votación y en la medida que su propia dinámica empuja a Chávez a profundizar la revolución, avanzará sobre la justicia, la educación, la prensa y la policía.

Argentina por su parte, fue el escenario de una de las primeras revoluciones civiles del siglo XXI cuando una supuesta “pueblada espontánea” se llevó al gobierno de Fernando de La Rúa (diciembre 2001). Este movimiento que nace de los suburbios de la capital incorpora los “más desposeídos” a la vida política de una forma muy peculiar.

Un gobierno electo se prueba incapaz de defenderse y se cae, pero la formalidad democrática se mantiene al tiempo que se acepta la violencia solapada como forma de acción política, se abren las puertas para el autoritarismo populista pero vestido de república.

A partir de allí la expresión “modelo neo-liberal” pasó a resumir todos los males de la nación, con lo que se encontró un culpable del cataclismo. Se revaloriza ahora al Estado como el hacedor del bienestar de los excluidos, un presidente que llega sin propuestas ni votos se apoya en un discurso que quería ser ético-moral, virtuoso e igualitario, una economía donde nadie quiebra, todo se subsidia y donde la clave esta en el igualitarismo.

Toda noción de “orden” se equipara con autoritarismo y represión, con lo que se le cercenó al estado la capacidad de defenderse y defender al ciudadano dentro del marco de la ley. Bajo el rótulo de “protesta social” se cobijó a una larga lista de delitos y, desde el ejecutivo se estableció que no serán penalizados con lo que las conductas violentas se aceptan según de donde provengan.

Así confluyen hoy la violencia perpetrada por los llamados “luchadores sociales” y la violencia de la delincuencia lo que genera una elevada dosis de miedo y el deseo de pasar inadvertido en la mayoría de la población.

Simultáneamente diversos sistemas clientelistas, basados todos ellos en políticas de reparto, sin preocuparse por la generación de riqueza ni de empleo de alguna calidad, conforman una realidad que se refleja mucho más allá de lo meramente económico entrando de lleno en el campo político ya que se manipula descaradamente el voto cautivo, jugando además con los miedos e incertidumbres de los sectores mas empobrecidos.

Finalmente la cuestión más importante es dilucidar hacia dónde nos llevaría como nación la consolidación de un populismo autoritario. Cual será su reflejo en la reformulación de la estructura social, como evolucionará la violencia, cómo podemos visualizar el funcionamiento de la economía en el mediano plazo dentro del esquema que genera el estado omnipresente. Será posible mantener el pluralismo político entendido como alternancia real en el poder dentro de un esquema populista / dirigista.

En otras palabras, es posible en este esquema construir algo más que una cansada y asustada masa de sobrevivientes del miedo, la indiferencia y la pobreza.


Publicado en Urgente 24

A los tumbos y en la niebla

04.07.2004

A los tumbos y en la niebla
Resumen de un julio K

"Llegamos acá de pedo. No vamos a pasar haciendo lo mismo que los demás"
Néstor Kirchner (según Mario Wainfeld - Página/12)

Las palabras que Wainfeld le atribuye al presidente pueden ser ciertas o no. Pero lo que no puede negarse es que describen cabalmente el espíritu que anima a este gobierno. El sentimiento de precariedad, de haber llegado de chiripa, sumado al convencimiento que el único camino para alargar la estadía es alguna originalidad en la gestión. No una buena gestión, apenas una con un razgo distintivo.

Lamentablemente para todos nosotros, la búsqueda de lo innovador no pasa por implementar políticas públicas exitosas, por instrumentar un modelo de gestión medido y austero, por ser quien lleve a cabo las reformas estructurales necesarias para revertir la lento pero inexorable decadencia de la República. No, la originalidad supuesta pasa por jugar a ser un enfant terrible de la política, que a golpe de shocks mediáticos va empujando una gestión que va a los tumbos, de titulazo en titulazo.

Gestos como saltar del palco a la tribuna para que la gente lo sobe, desairar a visitantes ilustres, faltar a compromisos oficiales, reclamar permanentemente la ayuda popular, son tics que por repetidos y vacíos ya han convertido al titular del ejecutivo mas que en un niño terrible en apenas un remedo deslucido de Jaimito.

Por fuera del ritual gestual, mal entendido como "ser diferente", hay claras muestras que ni el presidente, ni sus colaboradores tenían esperanzas de llegar, que literalmente se encontraron con el gobierno en sus manos, sin mas proyecto que un discurso apolillado y patriotero congelado en la conferencia de Bandung. El tema de la seguridad, o el manejo de la cuestión piquetera es una buena muestra de la doctrina oficial, que vendría a ser la Política de la Ausencia de Políticas.

Pasó la mitad del segundo año. Se va despegando la fog of war, que dejó la campaña presidencial. Me parece que cada vez mas argentinos se van dando cuenta que la llegada al frente del país del Intendente de Río Gallegos no va a terminar bien.

http://www.sinemetu.com.ar/

Medio Oriente ante el relativismo moral

30 de julio de 2004
Noticias Opinión Nota

Medio Oriente ante el relativismo moral
Por Carlos Escudé
Para LA NACION

Decir que Israel tiene mala prensa no es novedad para nadie. Para las mayorías del Occidente actual, y también para la Corte Internacional de Justicia, el Estado judío se merece su mala imagen mediática. Como es sabido, el muro que está levantando para protegerlo del terrorismo palestino ha sido condenado por La Haya.

.La barrera intenta limitar el tráfico masivo y permanente de palestinos de uno a otro territorio para impedir la infiltración de hombres-bomba. No obstante, la Corte interpreta su construcción como un incumplimiento de obligaciones hacia las poblaciones de territorios ocupados en tiempos de guerra. Ha dictaminado que Israel debe interrumpir las obras y desmantelar lo que ya fue erigido. "Es una victoria para el pueblo palestino y para todos los pueblos libres del mundo", exclamó, exultante, Yasser Arafat.

.Más allá de la opinión que se tenga respecto de esta acotada cuestión técnica, parece claro que rige un notable doble estándar en las severas exigencias de las instituciones de la comunidad internacional cuando de evaluar presuntas transgresiones de Israel se trata, frente al silencio respecto del auspicio del terrorismo por parte de las autoridades palestinas. Dicho apoyo está sólidamente documentado. Incluye tolerancia de los campos de entrenamiento guerrillero (incluso para niños) y complicidad tanto en el contrabando de armas como en el adoctrinamiento escolar por medio de textos que exaltan el odio anti-judío y el suicidio místico asesino.

.A pesar de todo, la Autoridad Palestina es raramente condenada, mientras que Israel lo es cotidianamente. Si los palestinos son cómplices de sus organizaciones terroristas, son disculpados por la opinión pública occidental, porque la de ellos es la violencia de los débiles y desarmados. Al público parece no importarle que el terrorismo de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa responda, en última instancia, a Yasser Arafat. Desestima la complicidad de éste con Hamas, como también el potencial destructivo de esta organización. Los palestinos no poseen armas de destrucción masiva. Por lo tanto, matan suicidándose. Hay mucha gente occidental para quien esto resulta casi justificable.

.En esta asimetría, la amnesia juega un papel importante. Permanentemente se olvida que si no existe un Estado palestino es principalmente porque los mismos palestinos se negaron a crearlo cuando, en 1947, las Naciones Unidas decidieron la partición del Mandato Británico en esas tierras. Se aduce que el Estado de Israel es una implantación artificial, a la vez que se deja en el tintero que ya a mediados del siglo XIX más de la mitad de la población de Jerusalén era judía.

.Por cierto, la manipulación de la información por parte de cierta prensa y la vigencia de filtros perceptivos en las grandes mayorías, pasa sobre todo por lo que no se analiza, por lo que omite. ¿Imagina el lector un solo combatiente palestino que se rebele contra las órdenes de sus autoridades por objetar una práctica violatoria de derechos humanos, como ha ocurrido numerosas veces con militares israelíes? En el improbable caso de que ocurriera, jamás nos enteraríamos, porque sería linchado mucho antes de que su postura llegue a la prensa. El derecho natural a la desobediencia cívica no merece contemplaciones en la cultura palestina ni en la más amplia cultura musulmana, al punto de que a ningún soldado de ese origen se le ocurriría siquiera hacer un planteo análogo al de los veintisiete pilotos israelíes que, en septiembre de 2003, declararon su negativa a realizar bombardeos en los territorios ocupados. Pero esto no sólo pasa inadvertido, sino que la ausencia de una fuerte y visible disidencia palestina ante la complicidad de Arafat con el terrorismo a veces es interpretada como una evidencia más de la justicia de la causa palestina. De una manera inconsciente, la ausencia de oposición tiende a percibirse como virtuosa.

.No obstante, el hecho empírico de la abismal diferencia entre ambas culturas y prácticas políticas no puede negarse. La disidencia israelí condena prácticas de su Estado que considera objetables y se expresa, al punto de acudir a la desobediencia pública. La disidencia palestina, ante la complicidad de la Autoridad Palestina con las prácticas terroristas de diversas organizaciones de ese origen, si es que se expresa, lo hace de la manera más discreta, pues en su cultura el derecho natural a la revuelta frente al orden propio es negado de plano. El Estado de Israel se equivoca y comete crímenes, pero los israelíes pueden expresarse y lo hacen. La Autoridad Palestina se equivoca y comete crímenes, pero los palestinos no tienen ni remotamente la misma libertad para expresar su disenso y rebelarse.

.Visto desde esta perspectiva, aunque algunas políticas israelíes puedan merecer la desaprobación y hasta la condena de Occidente, Israel es cultural y políticamente parte de una civilización para la cual la existencia del Estado se justifica sólo en la medida en que defiende los derechos de sus ciudadanos: éstos son sus valores, aunque por momentos transgreda e incluso traicione sus principios. En cambio, por más que en ocasiones declame lo que Occidente le exige, los valores de la Autoridad Palestina son otros, infinitamente más autoritarios. Cuando en sus circunstancias actuales apela al terrorismo, es fiel a sus principios. No los viola.

.Este contraste nos lleva a una reflexión más general, que es pertinente para una amplia gama de conflictos contemporáneos. La humanidad posmoderna enfrenta una disyuntiva y una paradoja. Si todos los hombres y mujeres tenemos los mismos derechos, entonces todas las culturas no son moralmente equivalentes, porque hay culturas que no reconocen, ni siquiera en principio, la vigencia de unos derechos humanos universales. Si, por el contrario, todas las culturas son moralmente equivalentes, entonces todos los hombres no tenemos los mismos derechos, porque hay culturas que adjudican a algunos hombres más derechos que a otros. Podemos dar por válida una u otra de las afirmaciones precedentes, pero ambas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo.

.Quienes creemos que todos los hombres y mujeres tenemos los mismos derechos esenciales no podemos aceptar la equivalencia moral de las culturas sin incurrir en una contradicción lógica. El Estado de Israel puede cometer múltiples errores e incluso crímenes, pero en tanto reconoce la vigencia de derechos humanos elementales, pertenece al estrato de culturas que son moralmente superiores.

.El autor es doctor en Ciencias Políticas (Universidad de Yale) e investigador principal del Conicet

Una Cuestión de Inconsistencia

Cuenta un viejo chiste que un señor se encuentra con un amigo en la calle y le comenta que se siente muy mal porque desde hace un tiempo se hace pipi encima. Le cuenta que ya vio a muchos especialistas y que nadie acierta en solucionar su problema. El amigo le recomienda un psicólogo muy bueno y le sugiere que lo vaya a ver. A los pocos meses se encuentran de nuevo y el señor le cuenta que le fue fantástico con el nuevo medico, ahora no sólo se hace pipi sino que además se hace popó encima, pero ya no le importa.

De la misma manera, desde diciembre de 2001 la Argentina no sólo ha agravado dramáticamente los mismos problemas de antes, sino que además ha creado una serie de problemas adicionales de muy difícil solución, pero ya no nos importa. Hemos decidido que la realidad es lo que nosotros hacemos de ella. No en el sentido racionalista, en el que el hombre con trabajo y sacrifico es capaz de modificar su entorno natural, sino en el sentido mágico premoderno, según el cual sólo basta desear algo para que se haga realidad. Fieles seguidores del realismo mágico, hemos hecho realidad el viejo lema de los estudiantes parisinos, la imaginación al poder. Como la imaginación no tiene limites, estamos condenados al éxito.

La gran mayoría de argentinos tienen en claro en qué tipo de país quiere vivir. Es probable que si se hace una encuesta el respecto, la respuesta abrumadora sea algún país del primer mundo como Francia, España, Italia, Australia, Canadá o EEUU. El problema no es tanto el proyecto de país sino lo que estamos dispuestos a hacer para lograrlo. Básicamente podríamos dividir a la opinión pública argentina en tres grupos, dependiendo del modelo de país que persiguen y los medios para lograrlo. Estas divisiones son verticales, no están relacionadas con el nivel de ingresos, educativo o social, ni con el pensamiento político.

En primer lugar, hay aproximadamente un 20% - 30% de la población que aspira a vivir como el primer mundo con conductas de primer mundo. Al igual que en la actualidad en países como España, Italia, Portugal, Grecia, Corea, Taiwán o los del Este Europeo, en este grupo de personas existe una aceptación casi plena de los costos y los beneficios de la modernidad. Este grupo incluye en gran medida, pero no se limita a lo que se conoce como la “clase media competitiva”, profesionales, con conocimientos de idiomas, exposición al mundo, que podría trabajar en cualquier parte del mundo y que constituyen “bienes transables” internacionalmente.

Un segundo grupo de aproximadamente 10% - 20% de la población aspira a vivir como el tercer mundo. Al igual que los talibanes, el presidente venezolano Chávez, Fidel Castro, Saddam o Corea del Norte, existe un rechazo liso y llano a la modernidad, a sus costos y a la mayoría de sus beneficios, a los que no se considera realmente como tales. El modelo a seguir es Cuba, la Venezuela de Chávez o el Irak de Saddam. En su forma más pura, este grupo está representado en el país por la izquierda extrema o los grupos piqueteros.

Un tercer grupo de un 60% - 70% de la población aspira a vivir como en el primer mundo, al igual que el primer grupo, pero con conductas del tercero. Al igual que en prácticamente todos las sociedades subdesarrolladas del mundo, la idea es que es perfectamente posible disfrutar de los beneficios de modernidad sin ser parte de ella ni pagar sus costos. Se trata de la versión local del “desarrollo con siesta”. Esto es ni más ni menos lo que representa el “modelo” actual de país.

El problema no está en los dos primeros grupos. Si definimos la racionalidad como la consistencia entre objetivos realizables y los medios para alcanzarlos, los dos primeros grupos son racionales. Podemos estar o no de acuerdo con los objetivos, pero no hay inconsistencias entre objetivos y medios. Esas personas saben perfectamente lo que quieren y están dispuestas a hacer lo necesario para conseguirlo. Es posible argumentar si realmente están dispuestos a vivir con las consecuencias de su elección, pero la elección es clara.

Al igual que en casi la totalidad de los países del tercer mundo, el gran problema reside en el tercer grupo. Existe una enorme inconsistencia entre lo que se quiere lograr y los medios que se utilizan. Esto no es propio de Argentina, es común a todas las sociedades subdesarrolladas del mundo, como las de Latinoamérica, Asia y Africa. Lo que quedó al desnudo en especial desde diciembre del 2001, fue que nuestra sociedad no es demasiado distinta a la de muchos otros países que les va como a nosotros. Es cierto que tenemos problemas de dirigencia, pero el principal escollo está en nosotros. Debemos admitir que nos equivocamos cuando pensamos que habíamos aprendido la lección. No se trata de algo racional, se trata de valores culturales, de una actitud ante la vida. Es muy difícil combatir la irracionalidad con hechos.

En este sentido, para gran parte de nuestra sociedad, incluyendo muchos expertos, aparentemente es posible alternativamente el desarrollo sin crecimiento económico o el crecimiento económico sin inversión; las inversiones deben realizarse sin afán de lucro y es posible generar un clima propicio para las inversiones sin derecho de propiedad. Hemos redescubierto el maravilloso principio de que si los ignoramos, nuestros problemas desaparecen, incluyendo las deudas. Ni siquiera hay conciencia plena de que nuestros actos tienen consecuencias ni costos, por lo tanto después las circunstancias nos caen como un mazazo en la cabeza. En definitiva, para “la nueva realidad argentina” todas estas cosas son gratis y las restricciones del mundo físico no aplican en el territorio del país.

Culturalmente, existen ciertas políticas que son “políticamente correctas”, en el sentido de que cuentan con la adhesión incondicional e irreflexiva a lo largo del tiempo de la mayoría de la sociedad argentina y a las que tarde o temprano siempre volvemos. Entre ellas, es posible mencionar a grandes clásicos populares como las nacionalizaciones, el antinorteamericanismo, el clima de anomia, el estatismo paternalista, el dirigismo económico y político, la arbitrariedad, la discrecionalidad, la abierta hostilidad hacía las políticas de mercado, la preponderancia de lo “social” sobre lo individual, de la distribución sobre la generación; la visión de la riqueza principalmente como algo estático que se transfiere y no como algo dinámico que se genera. Para amplios sectores del país es claramente preferible fracasar haciendo lo “políticamente correcto” que tener éxito haciendo lo “políticamente incorrecto”. Las mismas personas de gran sensibilidad social que denunciaban al gobierno por un supuesto “genocidio económico” durante la década del 90 guardan un prudente silencio en la actualidad, con indicadores de pobreza e indigencia varias veces peores.

La profunda inconsistencia entre los objetivos declarados y los medios para lograrlos hace que prácticamente estemos condenados al fracaso. Es poco probable que lleguemos a Rosario si tomamos la ruta 2 a Mar del Plata. Como es comprensible, fracasar una y otra vez cuando estamos convencidos de que estamos haciendo todo lo correcto genera una enorme frustración, que a la vez hace surgir mecanismos para mitigarla. Uno de ellos es el culto al fracaso. En Argentina, uno de los peores pecados que se pueden cometer es el éxito. Mientras que en países normales se debe justificar el fracaso, entre nosotros constituye el valor por defecto, el supuesto dado, y lo que se debe justificar es algún grado de éxito. El mero hecho de que a pesar de todo lo que pasó desde diciembre del 2001 haya muchísima gente que considere que está todo fantástico habla muchísimo de cómo somos como sociedad.

Es hora de tomar conciencia de que nos encontramos en la misma trampa del subdesarrollo que tantos otros países que les va como a nosotros. Nuestra situación no tiene nada de especial en ese sentido. El primer paso para solucionar un problema es admitir su existencia. Si seguimos pensando que nosotros estamos en el camino correcto y que la culpa es una conspiración internacional orquestada por el neoliberalismo y sus lacayos locales para evitar que Argentina tenga el destino de gloria que se merece, es muy difícil que alguna vez empecemos a transitar el camino correcto.

Argentina se latinoamericaniza

Jueves, 20 de mayo de 2004
Opinión / Roberto Cachanosky

Argentina se latinoamericaniza

El nivel de vida de nuestro país, que durante décadas fue mucho más alto que el del resto de América Latina, hoy se ha equiparado con el de nuestros vecinos del continente. ¿Ellos mejoraron?. En absoluto. Fue Argentina la que hizo mal los deberes y salió aplazada en todas las asignaturas.

La persistente caída de Argentina a partir de la década del ’40 del siglo XX se ha transformado en un drama para los argentinos y en una curiosidad intelectual para el mundo. El economista Adrián Guissarri ha estimado que entre 1876 y 1912 el ingreso per cápita de Argentina creció a una tasa del 3,6 por ciento promedio anual. En el mismo período, el ingreso per cápita de Estados Unidos aumentó a razón del 1,9 por ciento por año, el de Canadá subió a un ritmo del 1,5 por ciento y el de Australia también creció al 2,1 por ciento anual. Es decir, la tasa de crecimiento del ingreso per cápita de Argentina casi duplicaba la de Estados Unidos y más que duplicaba la de Canadá.

En su libro “La Economía Argentina”, Alejandro Bunge proporciona los siguientes datos:

“En 1923 el 50,10 por ciento del comercio exterior de Sudamérica (importaciones + exportaciones) era realizado por Argentina, siguiéndole luego Brasil con el 18 por ciento, Chile el 10 por ciento y el resto compartido con las otras naciones. De los 88.000 kilómetros de líneas férreas que tenía Sudamérica, el 42,7 por ciento estaban trazadas en territorio argentino, transportando un 60 por ciento de la carga total y un 57 por ciento del total de pasajeros.
“Con respecto a las líneas telefónicas, de los 349.000 teléfonos que funcionaban en Sudamérica, 157.000 correspondían a la Argentina, significando ello un 45 por ciento, y resultando, por lo tanto, 157 aparatos por cada 10.000 habitantes.
“En 1924 circulaban 214.000 automóviles en América del Sur, de ese total un 58 por ciento correspondía a Argentina y el 42 por ciento restante a las otras nueve naciones. Durante muchos años, Argentina figuró en primer lugar como país que más autos y camiones le compraba a Estados Unidos. La proporción por habitante que resultaba era de 125 automóviles por cada 10.000 habitantes.
“De acuerdo a una estadística internacional de Ginebra de 1924, la República Argentina tuvo la mayor actividad postal del mundo por habitante, resultando 172 piezas per cápita, Estados Unidos 152, Inglaterra 141, Francia 129, Alemania 70, Italia 47 y España 27. Del total de cartas expedidas por Sudamérica, el 60 por ciento corresponde a la Argentina y el 27 por ciento al Brasil. Igual proporción representan los telegramas expedidos.
“El tiraje de La Nación, el diario de mayor circulación en la Argentina, superaba la suma de los tirajes de los principales diarios de cada uno de los nueve países sudamericanos.”

Salvo algunos pocos países de la región, la mayoría de los países latinoamericanos y Argentina han hecho muy mal las cosas. De acuerdo a datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), entre la década del ’70 y 2003 el ingreso per cápita de la región, excluida Argentina, registra una caída del ingreso per cápita del 28 por ciento en dólares constantes de 2003, en tanto que Argentina tuvo una disminución del 69 por ciento.

Mientras en la década del ’70 el ingreso per cápita de Argentina era un
222 por ciento más alto que el promedio de ingreso per cápita de América Latina, en 2003 nuestro ingreso per cápita sólo fue un 40 por ciento superior al promedio del resto de los países latinoamericanos. Este dato muestra que, en los hechos, Argentina hizo mucho peor las cosas que el resto de los países señalados.

Los años en que más se acercó nuestro ingreso per cápita a los del resto de los países latinoamericanos son: 1982 con el salto inflacionario y cambiario de ese año, 1989 con la hiperinflación y 2002. En el año de la devaluación de Duhalde, nuestro ingreso per cápita estuvo en 2.900 dólares, contra un promedio de 2.500 dólares para el resto de los países. Para el año en 2003 podemos estimar un ingreso per cápita de 3.331 dólares para Argentina y 2.380 dólares como promedio para el resto de Latinoamérica.

Por supuesto que existen excepciones. Por ejemplo, Chile, Costa Rica y México tienen ingresos per cápita superiores a los de Argentina. Por otro lado, los tres peores en su evolución reciente han sido Argentina, Nicaragua y la Venezuela de Chávez. Este último país pasó de un ingreso per cápita de 8.900 dólares anuales en la década del ’70 a los actuales 3.161 dólares.

Cuando uno observa el gráfico precedente, puede ver que si bien América Latina viene haciendo mal las cosas, nosotros hemos batido todos los récords en la región. Los errores cometidos superan ampliamente a los de los otros países dado que nuestro acercamiento al nivel de vida del resto del subcontinente no se debe a que ellos hicieron mucho mejor las cosas que nosotros –como ocurrió con Argentina a fines del siglo XIX y principios del siglo XX en comparación con Canadá, EE.UU. y Australia–, sino a que en nuestro país las hicimos peor. Y las empezamos a hacer peor, fundamentalmente, a partir del peronismo de los ’40 con su populismo exacerbado que, como dice José Ignacio García Hamilton, creó una cultura de la dádiva en momentos en que el país no estaba en crisis. La políticas redistributivas de esos años no se aplicaron porque la gente vivía en la miseria, sino porque Perón utilizó las reservas del Banco Central para “comprar” el apoyo de la gente.

Pero lo más grave es que ningún gobierno posterior, ni civil ni militar, se animó a modificar esa cultura de la dádiva que impulsó Perón. Todos los que vinieron después quisieron imitarlo, tratando de ganarse el favor de la población redistribuyendo la riqueza, creando empresas estatales y cerrando la economía. Producir y trabajar en forma eficiente como forma de progresar pasó a ser un espejito de colores que vendía el capitalismo. Había que distribuir mejor los ingresos, proteger a los productores locales y darle una activa participación al Estado en la economía. El resultado fue, y es, que hoy todos quieren vivir a costa de otros, mientras que los que producen eficientemente son muy pocos. Es por esta razón que Argentina pasó de ser un país desarrollado a un país en vías de subdesarrollo. Se despreció la fórmula del trabajo y se enalteció el vivir de los subsidios, las regulaciones y el proteccionismo del estado.

¿Cuál fue el resultado de todo esto? Que Argentina y el resto de Latinoamérica se han igualado, pero lamentablemente hacia abajo.
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La Razón de la Irracionalidad

La Razón de la Irracionalidad

Alguien dijo alguna vez que el infierno es la imposibilidad de la razón. De acuerdo a esta definición, la Argentina del 2002 constituye un ejemplo de libro de texto. Debemos admitir que como país y como sociedad no nos hemos privado de nada en el campo de lo irracional: comerciamos con los enemigos de nuestros principales socios comerciales durante la Primera Guerra Mundial; fuimos pro nazis durante la Segunda y antinorteamericanos durante la guerra fría; adoptamos el fascismo cuando esta ideología desaparecía del mundo; por décadas, nuestro mayor objetivo de política exterior fue el liderazgo del grupo de países “no alineados”; en la década del 80 tuvimos una guerra contra la OTAN.

La lista de actos irracionales podría continuar por páginas, incluyendo las proscripciones y la violencia política, el terrorismo de estado y las frecuentes violaciones de los derechos humanos y las libertades civiles. En la gran mayoría de los casos, estas políticas se llevaron a cabo con el apoyo explícito o el silencio cómplice de amplias mayorías de la dirigencia, intelectuales, analistas y opinión pública de la época, fueron puestas en práctica con auténtico entusiasmo, convencidos de que se trataba de otra gran genialidad con la que nos salvábamos y sin tener la menor idea de cómo se volvía.

La aventura irracional actual toma la forma de la declaración de no pago de la deuda pública del país, en el medio del jolgorio generalizado en la Asamblea Legislativa, la devaluación y pesificación, la violación sistemática de todos los contratos de la economía, la confiscación de los depósitos bancarios y de las reservas del Banco Central y la brutal transferencia de ingresos desde los sectores de menores recursos hacia los grupos con poder de lobby. No hace falta ser un agudo analista de la realidad argentina o adivino para saber como termina esta película, ya la hemos visto antes: la actual conducción económica obtiene un premio Nóbel por cambiar el paradigma del desarrollo vigente en el mundo o debemos retomar el camino de volver a hacer de la Argentina un país medianamente normal.

Es muy preocupante que todas estas cosas sigan siendo posibles en Argentina, pero lo más peligroso es la forma en que por lo menos gran parte de la opinión pública las han tomado. No es novedad que la pasividad es uno de los rasgos más salientes de la sociedad argentina, pero es llamativo el grado de resignación, y hasta alivio, con que mucha gente acepta este nuevo atropello. La sensación es que, lejos de indignarse, muchos se sienten más cómodos con la vuelta a las andadas. Al fin y al cabo, un país más serio, más integrado al mundo, más expuesto a la competencia nos impone un nivel de exigencias mucho más alto como personas y como sociedad. Tanto o más preocupante que lo anterior es el hecho de que como país, como sociedad y como individuos creamos que es posible construir algo positivo a largo plazo sobre la base de la estafa generalizada y sistemática de propios y extraños. Según esta postura, todo este saqueo no tiene costos ni consecuencias y, como por arte de magia, las deudas desaparecen si las ignoramos.

Sería interesante preguntarnos qué le espera a una sociedad cuando personas educadas sostienen que en realidad garantizar el derecho de propiedad no es fundamental para el desarrollo, que está bien no pagar las deudas, que el cambio arbitrario y unilateral de los contratos no tiene incidencia en la seguridad jurídica, que aparentemente hay "atajos" para el desarrollo y no es necesario hacer las cosas cada día mejor. En otras palabras ¿es posible combatir racionalmente un conjunto de ideas y creencias irracionales?

Lo que nos espera como país depende en gran medida de la respuesta que tenga la pregunta anterior. Si la respuesta es afirmativa, todavía tenemos la oportunidad de convertirnos en un país serio algún día. Si la respuesta es negativa, viviremos bajo el riesgo constante de ver cuándo se produce el nuevo disparate que nos saque del mundo, tal vez para siempre.

Tanto las personas como las sociedades actúan racionalmente de acuerdo a los incentivos, de modo que tarde o temprano el país dejará la realidad paralela en la que estamos viviendo, volveremos a algún grado de racionalidad y nos daremos cuenta del nivel de disparate en el que hemos vuelto a caer. Es necesario cuanto antes y de una vez por todas decidir qué proyecto de país queremos y actuar en consecuencia. Toda sociedad tiene el derecho de elegir qué tipo de país quiere construir, lo que debemos entender es que no es posible evitar las consecuencias de nuestras elecciones.

El germen autodestructivo del populismo

Jueves, 17 de junio de 2004
Opinión / Roberto Cachanosky

El germen autodestructivo del populismo

Las políticas populistas que hoy vuelven a azotar el país se basan en la creencia de que la prosperidad de un país consiste en redistribuir la riqueza existente. Por eso no se preocupan por crearla, se dedican a violar los derechos de propiedad y desalientan las inversiones. A la larga, sin crecimiento, la riqueza se agota y ya no queda nada para repartir.

Argentina ha tenido varias olas populistas a lo largo de los últimos 60 años y todas ellas se han caracterizado por no reconocer los fracasos propios y buscar supuestos enemigos para no hacerse cargo de la crisis. Transferirle la culpa a mercados conspirativos, Wall Street o el FMI son parte de la letra común del credo populista. Inventar enemigos externos e internos es parte de la estrategia populista para “juntar voluntades y apoyo de la población en defensa del bien común”.

La segunda característica de la política económica populista consiste en sentar sus bases en una compulsiva redistribución del ingreso, desprecio por la inversión competitiva y permanentes avances sobre los derechos de propiedad. El populismo no cree en la inversión como fuente del crecimiento. Cree que el estado debe quitarle a unos para darle a otros. De esa forma, los gobernantes populistas declaran ganadores y perdedores, lo que, transitoriamente, les otorga el apoyo de la población beneficiada por la redistribución.

Pero el populismo tiene su propio germen de autodestrucción que finalmente lo lleva al colapso, como ha ocurrido muchas veces en la Argentina durante el siglo XX.

El germen de su autodestrucción consiste en que el modelo populista termina generando un enfrentamiento de todos contra todos por una porción del ingreso cada vez menor, porque bajo un modelo populista el progreso de unos sólo puede darse gracias a que se le pisa la cabeza al vecino. En el populismo cada sector usa al estado para que violente los derechos de propiedad de los demás en beneficio propio.

Las políticas populistas tienen dos etapas claramente diferenciadas que pueden asimilarse a los efectos que las drogas producen en las personas. La primer etapa del populismo genera una situación de optimismo y bienestar en mucha gente. ¿Por qué? Porque el populismo suele empezar su gestión utilizando diferentes mecanismos para financiar la redistribución. Por ejemplo, puede emitir moneda para financiar aumentos de salarios, hasta que esa emisión monetaria produce presiones inflacionarias. Cuando el gobierno quiere frenar la inflación para detener el descontento popular, aparece la crisis del populismo.

También el populismo puede financiar la redistribución por medio del endeudamiento, de la venta de activos o del incremento de los impuestos a los sectores de mayores ingresos. Pero en todos los casos, siempre se llega al punto en que ya no es posible seguir financiando la fiesta y todos caen en una profunda depresión.

El problema que tiene el populismo es que da por sentado que la riqueza existe y que sólo hace falta redistribuirla. Es común que los populistas confundan recursos naturales con riqueza, porque no advierten que, por ejemplo, el petróleo no es riqueza hasta que es extraído y procesado para ser vendido en el mercado.

Claro que, siguiendo con el ejemplo del petróleo, para poder extraer el petróleo y procesarlo, hacen falta capitales que estén dispuestos a ser invertidos en ese negocio. Y nadie hace inversiones si sabe de antemano que el estado lo va confiscar una vez que esté generando riqueza, o le va establecer leyes laborales que le coman la ganancia o le impidan a los accionistas disponer libremente de sus utilidades.

Como los populistas necesitan violar los derechos de propiedad para poder redistribuir, permanentemente conspiran contra la inversión, con lo cual, el país entra en un proceso de pérdida de productividad, caída del salario real, aumento de la desocupación e inestabilidad económica general. Dicho en otros términos, la cantidad de riqueza que genera la economía va disminuyendo hasta que el gobierno populista de turno se encuentra con que ya no puede satisfacer las demandas de los distintos sectores que él mismo incentivó. Cuando llega ese momento, es cuando colapsa el sistema y los gobiernos quedan totalmente debilitados porque ya nadie cree en las historias conspirativas de los enemigos fantasmas que inventan los políticos.

El populista le hace creer a la gente que tiene derecho a que otros le transfieran parte de sus ingresos y patrimonios para mantenerlo. El problema es que cuando los otros dejan de producir y ya no tienen patrimonios para que el estado se los confisquen, el populista se encuentra con que se quedó sin financiamiento para sostener su política. En ese momento colapsa, no ya la economía, sino la sociedad y el gobierno.

Considerando las crisis económicas que venimos padeciendo y la forma en que terminaron los anteriores gobiernos populistas, sería bueno que el actual gobierno meditara profundamente sobre su política económica. ¿Está haciendo todo lo necesario para que los inversores estén dispuestos a hundir sus capitales en la Argentina? ¿Está creando las condiciones institucionales para crecer y mejorar las condiciones de vida de la población en forma sostenida en el largo plazo? ¿Ha removido las regulaciones que impiden una mayor productividad de la economía? ¿Está tratando o destratando a los inversores?

Dependiendo de las respuestas que encuentre para cada uno de estos interrogantes, puede imaginar la forma en que, más tarde o más temprano, va a terminar.

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Ronald Reagan's Cross-Border Legacy

June 11, 2004

Ronald Reagan's Cross-Border Legacy
by Patrick Basham

Patrick Basham is senior fellow in the Center for Representative Democracy at the Cato Institute.

"If Reagan governed this country, we wouldn't have to leave it!" exclaimed my father after a British TV report on the Republican presidential nomination contest between Gerald Ford and Ronald Reagan. This was my introduction to the Great Communicator. As a young boy, I hadn't the faintest idea how some American could make a difference in our lives an ocean away, but my father's robust comment made an indelible impression.

In the 1970s, stifling tax rates and a suffocating political culture ensured that the "brain drain," the outward flow of British professionals and entrepreneurs to North America, continued unabated. My parents mistook Ontario for Illinois and emigrated to Ottawa, Canada. During this period, Reagan's consistent message that government was too big and too intrusive increasingly struck a chord with American voters hungry for new leadership. It also reverberated beyond the American border.

President Reagan's first international trip was to Ottawa. At that time, outside observers (including most would-be immigrants) mistakenly viewed Canada as simply a colder, less populated version of the United States. In truth, under the damaging stewardship of socialist Prime Minister Pierre Trudeau, the Canadian dream had morphed into a bilingual version of European social democracy. Canada's failed welfare statism was a glaring reminder that the country hadn't realized its potential relative to the U.S.

Neither most Canadian politicians nor journalists liked what Reagan had to say. However, Reagan's success as a political communicator stemmed from his ability, at home and abroad, to speak over the heads of the establishment. He consciously employed simple language and good humor to convey fundamental truths to ordinary people in an accessible manner.

For example, Reagan's new economic program explicitly waged war on the growth of government spending, taxes, regulation, and the entitlement culture. It sounded pretty reasonable and attractive to those Canadians watching American newscasts on cable TV or reading American news magazines. At my high school, students were actively discouraged from doing either.

During Reagan's inaugural visit to our city, our teachers didn't allow us to attend his daytime public appearances, or even watch the accompanying television coverage, on the grounds that, as one put educator put it, "Reagan is so right wing, so out of it, it's embarrassing to have him in our country." When my history teacher discovered that some students were Reagan admirers, he theatrically opened the classroom windows "to get the Reaganite stink out of here."

Yet, despite the propaganda, to me the contrast between the two leaders was striking. Trudeau, irrelevant outside of Canada, was shamelessly arrogant and self-important. Reagan, the most important political figure on earth, was statesmanlike, humorous, and humble. These differences bled into their respective policy prescriptions.

Trudeau, a long-time Castro admirer, remained confident that government could remold society for the better; the far wiser Reagan knew that it couldn't and, therefore, shouldn't even try. For all Trudeau's trendy, laid-back leftism, in the early 1980s Reagan was the true radical, which explains much of his disproportionate appeal at the time to younger people.

Trudeau's contemporaries weren't much more inspiring. During Brian Mulroney's successful 1983 campaign for the leadership of Canada's then-ideologically vacuous Conservative Party, he explicitly repudiated Reaganomics and Canada-U.S. free trade. Yet thanks in part to events south of the border, the political tide soon turned.

Reagan's success in changing the terms of the American policy debate affected Canadian public policy. Conservatives belatedly stimulated a debate over the appropriate size and role of government. Largely due to Reagan's approach to everything from tax cuts to air traffic controllers, no longer was it verboten to question government spending, taxation levels, welfare spending, or union demands.

Within months of winning the 1984 Canadian election, Prime Minister Mulroney became Reagan's firm ally. Reagan's success enabled Canadian conservatives to demonstrate that the sky doesn't necessarily fall when government is constrained.

Reagan encouraged the Mulroney government to experiment with income tax cuts, privatization, and deregulation, and to defy the powerful nationalist (i.e., anti-American) cultural establishment by engaging in free trade. Mulroney's successful reelection campaign focused on the 1988 Canada-U.S. Free Trade Agreement and served as a powerful rejection of statist economic policy.

Canadian Liberals also learned Reagan's lesson that good policy makes for good politics. After Mulroney's retirement in 1993, the ensuing Liberal government repudiated its longstanding opposition to free trade and balanced budgets. Today, Reagan's economic philosophy permeates a newly ideological Conservative Party, committed to limited government and economic freedom, which may regain power in Canada's late June election.

Over the past 20 years Canadians became much more American in their economic values. According to opinion polls, the level of commitment to the culture of capitalism in the two countries is essentially the same, i.e., Canadians and Americans show similar support for the virtues of competition, individual self-reliance, hard work, and the profit system. Canadians are no more likely to favor government intervention in the economy than are Americans, and attitudes toward work and meritocracy are quite similar.

Canadians today are far more Reaganesque than they used to be. The Canadian Embassy in Washington is closed on the day of Reagan's funeral. This diplomatic courtesy reflects a larger political reality. Over time, many Canadians came to respect, even admire, Ronald Reagan and appreciate his positive influence on both countries. They, too, have reason to mourn his passing.

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Argentina 1984

Argentina 1984

En su novela clásica 1984, escrita en 1949, George Orwell describe el mundo en el futuro, una sociedad donde el totalitarismo colectivista llega a niveles grotescos. En el mundo de 1984, IngSoc, el estado/partido, lo controla todo, desde las noticias hasta el idioma, que sufre un proceso de destrucción permanente año tras año. Nada es lo que parece, como uno de los personajes explica a Winston Smith, el protagonista de la novela: “la realidad está en la mente”.

Winston trabaja en el Ministerio de la Verdad, donde paradójicamente se dedica a literalmente alterar las noticias de las ediciones pasadas de los diarios para adaptarlas a la “realidad” actual. De esta manera, los héroes del pasado son los villanos actuales, los viejos enemigos son los nuevos aliados, los logros del pasado son los fracasos de hoy, y los fracasos los éxitos. Todo es relativo, nada es absoluto, todo depende de la voluntad del estado/partido. La realidad sólo existe en la mente.

Algo similar parece estar sucediendo en la Argentina de 2002. Después del pavoroso proceso de destrucción de riqueza en el que nos embarcamos desde enero de este año, todavía hay quienes pretenden destacar sus ventajas y beneficios. Por medio de un particular ejercicio mental, que podríamos describir como “orwelliano”, pretenden convencer al ciudadano promedio argentino de que menos es mejor que más.

En línea con lo anterior nos explican que, por alguna extraña alquimia del pensamiento, 2200 dólares de ingresos per cápita son mejores que 8500 (pero 5000 serían mejor aún, según el actual ministro de economía); un gasto en salud de 180 dólares por habitante es mejor que uno de 650; una jubilación mínima de 40 dólares es un triunfo sobre una de 150; y es un logro destacable haber duplicado los índices de bajo peso al nacer en varias localidades del país, así como los índices de pobreza, indigencia y desocupación, además de una caída de aproximadamente un 70 porciento en el salario real.

Es tal el grado de irrealidad en que hemos caído como sociedad que es necesario un alto grado de irracionalidad para explicar lo inexplicable y vender como éxito lo que a todas luces es un fracaso de proporciones épicas. Sin embargo, es posible ver a diario a funcionarios de esta administración, miembros de la oposición, destacados analistas, intelectuales, economistas y periodistas sosteniendo que en la Argentina de 2002 menos es mejor que más. Todo esto con la mayor seriedad y sin ponerse colorados. Como el salto lógico que hay que dar para aceptar este análisis es intolerable, se apela a las explicaciones ad hoc y a las teorías conspirativas. En realidad, todo lo anterior fue una ilusión: los ahorristas argentinos nunca tuvieron dólares; nuestros ingresos por habitante nunca fueron de 8000 dólares; la empresa de mi tío nunca invirtió dólares; nunca estuvimos en el programa de visa waiver; etc. Fieles seguidores de los más sagrados principios del IngSoc.

Quiero creer que en algún momento volverá la racionalidad a la Argentina, y dejaremos de vivir en la realidad paralela en que hemos caído como sociedad y como país. En ese momento, tendremos una mejor comprensión de que a pesar de nuestros deseos y voluntad, y de los sagrados preceptos del IngSoc, la realidad es la realidad. Dos más dos es cuatro, no la mayoría de las veces, no en ciertas culturas o países, o para ciertas ideologías o visiones geopolíticas, sino Siempre, en Todos Lados y para Todo el Mundo.

El gobierno y el equívoco de ser oposición

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El gobierno y el equívoco de ser oposición
May-21-04 -
por Hugo Martini

Un año después de haber asumido el Presidente Kirchner la Argentina muestra una característica novedosa en los veinte años de democracia: la ausencia de una clara y diferenciada oposición. En realidad existen dos elementos que han provocado este fenómeno. Por un lado, es la primera vez en 20 años que un Presidente no tiene el control real de su propio partido en los doce meses iniciales de gobierno y, al mismo tiempo, este partido opera de hecho como la oposición, con el control de las dos Cámaras del Congreso y la mayoría de los gobiernos de provincia. Por el otro, el gobierno no gestiona sino que protesta y demanda, como si fuera la oposición.

Este último dato es probablemente la clave para entender por qué no existe, hoy, una oposición en el sentido tradicional. El gobierno desarrolla, en sentido contrario, el llamado "teorema de Baglini" que dice que los actos y las declaraciones de los dirigentes aumentan su nivel de cautela y responsabilidad a medida que se acercan a la posibilidad de estar en el gobierno.

En efecto, este gobierno actúa como la oposición: plantea sus demandas contra parte de la sociedad –donde estaría el gobierno real- integrada por la corporación de los partidos políticos a quienes no consulta, las Fuerzas Armadas y de seguridad, la Iglesia, las empresas privatizadas, los organismos internacionales de crédito y el capital extranjero. A esto se suman otras demandas: la mención directa y el ataque a la insensibilidad de los gobiernos anteriores que no habrían realizado ningún esfuerzo para juzgar la violación de los derechos humanos y el incremento en los altos índices de inseguridad que sería la consecuencia de la corrupción de la vida política en la provincia de Buenos Aires.

Cuando la oposición no formula propuestas para resolver los problemas de la sociedad se transforma, sin remedio, en un acto de diversión perpetua y sin riesgos. Existen dirigentes políticos, en la Argentina y en cualquier otro país, cuya única actividad consiste en formular críticas sin propuestas frente a diversas circunstancias. Expresan constantemente la insatisfacción de la opinión pública frente a las demandas sociales incumplidas pero, como las demandas son infinitas -y muchas veces razonables- la posición más cómoda es desarrollar el negocio inagotable de la crítica. Ninguno de estos dirigentes probablemente llegue a gobernar, pero la pregunta es: ¿qué ocurre cuando esta posición se adopta desde el gobierno?

En los próximos doce meses, el gobierno deberá mostrar su capacidad de gobernar, no de oponerse. Se necesita gestión propia, no simple crítica a lo que hicieron los demás, en áreas tan sensibles como la seguridad, la crisis energética, la deuda externa, el incipiente rebrote de la inflación, la desocupación, la indigencia y la demanda por mejores salarios. Pero gobernar es, también, bajar hacia la sociedad un mensaje de concordia que asegure la paz interior. El último 1 de marzo empezó una cuenta distinta en la cual el gobierno deberá abandonar la protesta y el enojo, mientras la oposición –no sólo el Partido Justicialista- tendrá que formular propuestas concretas si quiere gobernar en el futuro.

Nadie le pide al gobierno que cambie sus ideas, pero debe admitir que fue elegido para gobernar no para ocupar el lugar de la oposición. No necesita producir ninguna prueba adicional para demostrar que tiene en sus manos el gobierno. Al mismo tiempo, debe comprender que la sociedad mira perpleja su aguerrido mensaje opositor. Los enemigos no son de carne y hueso sino que están corporizados en los problemas objetivos que genera la falta de inversión, empleo y transparencia que el gobierno todavía se niega a enfrentar.

*Diputado Nacional (Recrear) - Interbloque Federal
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De los Sam’s Club a los Centros de Abaratamiento

De los Sam’s Club[i] a los Centros de Abaratamiento

No debe haber un habitante de la Argentina que no esté al tanto de los desgraciados acontecimientos que azotaron al país en los últimos dos años, y con especial crudeza los últimos cinco meses: congelamiento de depósitos bancarios, default, destrucción sistemática de contratos públicos y privados, devaluación, pesificación asimétrica, vuelta de la inflación, desabastecimiento y demás.

Un observador externo podría concluir que hemos decidido suicidarnos como sociedad. La imagen que viene a la mente es de aquellos documentales donde se muestran a decenas de ballenas que, por algún misterioso motivo, se arrojan a alguna playa para encallarse y morir.

Es muy difícil de explicar racionalmente el camino que hemos elegido como sociedad porque hasta nosotros mismos parecemos ignorar lo que queremos. Otro punto de vista es que tal vez si sabemos lo que queremos, pero existe una profunda discrepancia entre lo que queremos lograr y lo que hacemos para lograrlo. En otras palabras, entre nuestros objetivos y los medios para lograrlos. Otra explicación posible es que en el fondo nos gusta todo esto, y que por un extraño masoquismo, disfrutamos con nuestro fracaso sistemático.

En mi opinión, tal vez el mejor ejemplo para ilustrar lo que nos pasa como sociedad es la aparición en la escena política y económica del país de los llamados “centros de abaratamiento”. Ante la vuelta de la inflación, y la caída libre del salario real en el país, la respuesta del gobierno federal fue la creación de estos centros de compra “con sentido social”. Más allá de las cuestiones ideológicas, habría mucho que decir sobre la eficiencia de la medida para contener los peores efectos de la inflación en los sectores de menores ingresos. Lo que creo que no se puede discutir es que esta forma de comercialización tiene más en común con los “centros de ventas” estatales de la ex Unión Soviética o de la Cuba actual, que con las formas modernas de comercialización más propias de los países capitalistas avanzados.

Es realmente paradójico y muy interesante notar que las mismas personas que, mientras tuvieron a su cargo la administración de la Provincia de Buenos Aires, promovieron severos límites a la instalación de grandes superficies comerciales en la provincia, sean los que ahora a cargo del gobierno federal, propongan como solución la creación de los así llamados “centros de abaratamiento”. Como es público y notorio, los contrastes no pueden ser mayores entre estas dos formas de comercialización minorista.

Como sociedad, la elección es clara. Hemos desplazado el libre fluir de las fuerzas del mercado en la asignación de recursos para reemplazarlo por la voluntad discrecional de un funcionario. El ciudadano argentino promedio ya no puede elegir en qué moneda realizar transacciones, ni a qué precios, ni en qué condiciones. Ya no es la competencia en un mercado libre la que determina ganadores y perdedores, ahora son elegidos por la gracia y sabiduría del funcionario de turno.

De la misma manera, en lugar de fomentar una mayor competencia en el área de la comercialización minorista y dejar que la libre competencia genere los precios más bajos posibles de venta al consumidor final, la solución es apelar a la magia. Un sabio funcionario de gran corazón y las mejores intenciones, convoca a otros tantos “empresarios” de iguales condiciones morales y profesionales, quienes movidos por el más alto altruismo, deciden dejar de lado el execrable objetivo del lucro y vender productos a precios “sociales”. Los resultados están a la vista. No sólo los precios no son todo lo bajo que deberían ser, sino que los canales de venta son poco menos que denigrantes para la condición de cliente.

Toda sociedad tiene el derecho de elegir como y bajo que sistema quiere vivir, pero parte del proceso de maduración es aceptar que no es posible evitar las consecuencias de nuestras elecciones. Creer que es posible producir como en el primer mundo con un sistema del tercero es de una ingenuidad poco menos que suicida.

[i] Como nota de color, es bueno tener en cuenta que Sam’s Club, la división de ventas mayoristas de la cadena de supermercados norteamericana Walmart, una de las cadenas de hipermercados que más sufrió la persecución de la administración Duhalde en la Provincia de Buenos Aires, es la más grande cadena de venta minorista del mundo. Esta cadena factura aproximadamente 220.000 millones de dólares por año (prácticamente dos veces el PBI argentino a valores post devaluación).

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Como nota de color, es bueno tener en cuenta que Sam’s Club, la división de ventas mayoristas de la cadena de supermercados norteamericana Walmart, una de las cadenas de hipermercados que más sufrió la persecución de la administración Duhalde en la Provincia de Buenos Aires, es la más grande cadena de venta minorista del mundo. Esta cadena factura aproximadamente 220.000 millones de dólares por año (prácticamente dos veces el PBI argentino a valores post devaluación).

TITULARES DE "TODO X 2 PESOS"

TITULARES DE "TODO X 2 PESOS"

- PEZ QUE LUCHA CONTRA LA CORRIENTE MUERE ELECTROCUTADO.
-TRAGEDIA EN UNA PARRILLA: HOMBRE DESESPERADO SE ARROJA AL
VACIO
-ULTIMO MOMENTO: GEMELO SE SUICIDA, MATA HERMANO POR ERROR.
-INJUSTICIA EN UNA PARRILLA: DISCRIMINANA A UNA MORCILLA POR NEGRA.
-ESCANDALO! ENCUENTRAN A LA GALLINA TURULECA CON DROGAS, ESTARIA HASTA LOS HUEVOS.
-HOMBRE QUE BAILABA SALSA SE MANCHA EL SMOKING.
-OTRA VEZ PROBLEMAS CON LA GALLINA TURULECA. LA ECHAN DEL TRABAJO POR HACER HUEVO.
-EZEIZA: POR PROBLEMAS EN EL PASAPORTE NO DEJAN ENTRAR A PAN FRANCES Y PASTOR ALEMAN
-INSOLITO! HOMBRE PIERDE LA RAZON Y COMPRA OTRO DIARIO.
-OTRA VEZ LA GALLINA TURULECA: FUE A COMER A LAS CAÑITAS Y LE SALIO UN HUEVO.
-DESCUBRIMIENTO DE CIENTIFICOS DE LA NASA: DESPUES DE MARTE,
MIERCOLE!
-LIBRO DE MATEMATICAS SE SUICIDA POR TENER MUCHOS PROBLEMAS
-TERROR EN EL ESPACIO! EN UN DESCUIDO LE HABRIAN ROBADO UN ANILLO A SATURNO!


PREGUNTAS CIENTIFICAS DE B0LUDA TOTAL

Un parto en una calle, es alumbrado público?
Cuando una mujer está encinta... también está en compact?
Si quiero comprar un boomerang nuevo, cómo hago para deshacerme del viejo?
Puedo guardar el ratón de mi computadora en el baúl del coche con el gato de mi auto?
Si el congelador de una heladera se encuentra a no más de 10 grados bajo cero, y en la Antártida en un invierno muy frío la temperatura ambiente llega a 50 grados bajo cero. No podrían calentarse las personas entrando a los congeladores?
Si cuando como huevos me patea el higado, cuando coma higado...me pateará los huevos?
Por qué no hay comida para gatos con sabor a ratón?
Hasta dónde se lavan la cara los pelados?
Si cuando uno hace algo mucho tiempo lo hace cada vez mejor..., por qué los taxistas manejan tan mal?
Cómo saben los ciegos cuando han acabado de limpiarse el culo?
Por qué los Kamikazes usaban cascos?
Por qué apretamos mas fuerte los botones del control remoto cuando tiene poca batería?
El mundo es redondo y lo llamamos planeta. Si fuese plano... lo llamaríamos redondeta?
Si un abogado enloquece... pierde el juicio?
Cuando se 'reproduce' un disco... queda encinta?
Los infantes disfrutan la infancia tanto como los adultos el adulterio?
Si el pez nada... la vaca todo?
Si la pileta es honda..., el mar es Toyota?
Debería cortarme las venas o dejármelas largas?
Para qué corremos rápido bajo la lluvia, si delante también llueve?
Cómo hacen los sordos para saber que se acabó el mate?


AVISOS CLASIFICADOS:
* Vendo silla de ruedas (poquisimo uso). Preguntar por Pinochet.
* Viejo de 46, busca joven de 23 para hacer 69.
* Vendo tangas. Hagan cola
* Vendo audífono, NO escucho ofertas.
* Si su suegra es una joyita... nosotros tenemos el mejor estuche. Funeraria Perez
* Hombre de buenas costumbres, busca alguien que se las quite.
* Viejo verde busca chica ecologista.
* Divorcios en 24 horas. Satisfaccion garantizada o le devolvemos a su conyuge.
* Viejito con mal de Parkinson se ofrece para tocar maracas en conjunto musical cubano.
* Busco urgentemente cursos para ser millonario. Pago lo que sea.
* Violo a domicilio, solicite muestra gratis
* Vendo auto. 4 puertas, con excelente vista a la calle.
* Chico timido busca... bueno... esteee... no, bueno... nada... no importa...
* Viuda negra busca tipo millonario para casarse. Hasta que la muerte nos separe.
* Buscopersonaltecnicoparaarreglarmibarraespaciadora.
* Psicopata asesino busca chica para relacion corta.
* Se encuentra solo o sola? Avise, asi entramos a afanar.
* Vendo Cristo, marca INRI
* Cambio caja de juguetes por "devistas podno".
* Se ofrece, piloto de pruebas, para fabrica de supositorios.
* Se necesita cama con muchacha adentro.
* Hombre invisible busca mujer transparente para hacer cosas nunca vistas.
* Por diabetes vendo mi flauta dulce.
* Se pintan casas a domicilio.
* Vndo maquina d scribir qu l falta una tcla.
* Cambio moto hecha mierda, por silla de ruedas.
* Cambio condon roto por ropa de bebe.
* Empresario con dos penes, busca secretaria bilingüe.
* Se solicita jovencita de grandes aspiraciones para trabajar como aspiradora.
* Cambio pastor aleman por uno que hable español.
* Joven soltero y sin compromiso arrienda media cama.
* Ce dan Klacez de Hortografya!
* Paloma solitaria busca nido confortable.
* Cambio lindo perro Doberman por mano ortopédica.

Rules Kids Won't Learn in School

'Rules Kids Won't Learn in School.'

Rule No. 1: Life is not fair. Get used to it. The average teen-ager uses the phrase "It's not fair" 8.6 times a day. You got it from your parents, who said it so often you decided they must be the most idealistic generation ever. When they started hearing it from their own kids, they realized Rule No. 1.

Rule No. 2: The real world won't care as much about your self-esteem as much as your school does. It'll expect you to accomplish something before you feel good about yourself. This may come as a shock. Usually, when inflated self-esteem meets reality, kids complain that it's not fair. (See Rule No. 1)

Rule No. 3: Sorry, you won't make $40,000 a year right out of high school. And you won't be a vice president or have a car phone either. You may even have to wear a uniform that doesn't have a Gap label.

Rule No. 4: If you think your teacher is tough, wait 'til you get a boss. He doesn't have tenure, so he tends to be a bit edgier. When you screw up, he's not going to ask you how you feel about it.

Rule No. 5: Flipping burgers is not beneath your dignity. Your grandparents had a different word for burger flipping. They called it opportunity. They weren't embarrassed making minimum wage either. They would have been embarrassed to sit around talking about Kurt Cobain all weekend.

Rule No. 6: It's not your parents' fault. If you screw up, you are responsible. This is the flip side of "It's my life," and "You're not the boss of me," and other eloquent proclamations of your generation. When you turn 18, it's on your dime. Don't whine about it, or you'll sound like a baby boomer.

Rule No. 7: Before you were born your parents weren't as boring as they are now. They got that way paying your bills, cleaning up your room and listening to you tell them how idealistic you are. And by the way, before you save the rain forest from the blood-sucking parasites of your parents' generation, try delousing the closet in your bedroom.

Rule No. 8: Your school may have done away with winners and losers. Life hasn't. In some schools, they'll give you as many times as you want to get the right answer. Failing grades have been abolished and class valedictorians scrapped, lest anyone's feelings be hurt. Effort is as important as results. This, of course, bears not the slightest resemblance to anything in real life. (See Rule No. 1, Rule No. 2 and Rule No. 4.)

Rule No. 9: Life is not divided into semesters, and you don't get summers off. Not even Easter break. They expect you to show up every day. For eight hours. And you don't get a new life every 10 weeks. It just goes on and on. While we're at it, very few jobs are interested in fostering your self-_expression or helping you find yourself. Fewer still lead to self-realization. (See Rule No. 1 and Rule No. 2.)

Rule No. 10: Television is not real life. Your life is not a sitcom. Your problems will not all be solved in 30 minutes, minus time for commercials. In real life, people actually have to leave the coffee shop to go to jobs. Your friends will not be as perky or pliable as Jennifer Aniston.

Rule No. 11: Be nice to nerds. You may end up working for them. We all could.

Mi Cartita a salvemosaaerolineas.com

julio del 2001

info@salvemosaaerolineas.com.ar

Sres. de salvemosaaerolineas.com,
Más allá de la mala o buena gestión del gobierno español, es necesario tener en cuenta ciertos aspectos sobre la compañía Aerolíneas Argentinas:

· AA fue creada y gerenciada por aproximadamente 40 años por el estado argentino, y aproximadamente 10 por el estado español
· es una compañía que fue creada para operar en otra realidad aerocomercial: mercado totalmente regulado que permitía cobrar tarifas más altas, sin competencia, transportando entre 3 y 5 veces menos pasajeros que en la actualidad
· el cambio de las reglas de juego del mercado aerocomercial terminó con varias compañías de primera línea como TWA, Panam, Braniff; aproximadamente el 80% de las líneas aéreas de Latinoamérica se encuentran en quebrantos operativos (el 90% de las líneas de Brasil se mantienen con aportes permanentes del gobierno brasilero)
· Hasta su traspaso, AA se mantenía con aportes permanentes del Tesoro Nacional
· la empresa nunca dio ganancias, salvo uno o dos ejercicios unos pocos años después de su traspaso
· al momento de su privatización, la empresa perdía aproximadamente $700 millones de dólares por año
· en la actualidad esa cifra llega a los $350 millones
· según los informes que se hicieron para su privatización, era necesario renovar prácticamente la totalidad de la flota y se debía sanear su funcionamiento; era conocido que su operatoria tal como lo venía haciendo era inviable (entre otros detalles un gremio por actividad, exceso de empleados, estructura tarifaria caótica)
· las condiciones en las que se privatizó hizo que prácticamente no haya interesados; el estado español se hizo cargo de la empresa en lo que se podría llamar un favor político al gobierno argentino
· además de los recursos humanos, el principal activo de una aerolínea no son sus aviones ni instalaciones de tierra, sino las rutas aéreas en las cuales está autorizada a operar
· las condiciones poco flexibles de la compañía hizo que fracasaran varios intentos de saneamiento (entre ellos el de aporte de capitales a cambio de management de American Airlines)
· Es muy importante entender que tal como existe en la actualidad, la empresa es inviable
· AA no es la única aerolínea en problemas del país, hace algunas semanas se presentó en convocatoria de acreedores LAPA (hasta ahora no vi ningún mensaje de solidaridad con los “compañeros” de LAPA)
· AA no es la única empresa con problemas en el país, aproximadamente el 80% de las compañías del sector privado vienen reduciendo sus gastos y personal desde hace varios años y muchas han quebrado (hasta ahora no vi ningún mensaje de solidaridad con los “compañeros” de alguna de esas empresas)
· No perdamos de vista este proceso, da la sensación que lo que se está reclamando no es una salida de la empresa como compañía a cambio de contraprestaciones de los empleados, sino lisa y llanamente que el estado nacional se haga cargo de la empresa para mantener el status quo de un amplio sector de privilegio
· FYI, esto implicaría un aporte de los contribuyentes argentinos de aproximadamente $1.000 millones

Lamentablemente existe en nuestra sociedad una enorme tendencia a la improvisación y a tocar de oído. Si queremos tener alguna posibilidad de superar nuestros problemas, es necesario entender que es imprescindible encarar los problemas con un enfoque profesional.

Esta iniciativa de salvataje es muy loable, pero para que toda esta campaña resulte en algo serio debe estar acompañada por aportes de dinero de todos los interesados: intelectuales, periodistas, público en general. Si los pedidos de salvataje para esta compañía se quedan sólo en sacarse la foto, recitales y ponerse la remera de “salvemos a AA” para salir en televisión, lamentablemente se confirmaría la sospecha de que se trata solo de otro gran delirio nacionalista-populista a los que tan adeptos somos como sociedad.

Sería interesante ver cuantos partidarios de esta iniciativa quedan en firme si, además de la firma, deberían comprometerse a enviar $50 mensuales para pagar la deuda y aportar el millón de pesos mensuales que requiere la empresa para operar.

Debemos entender que cada uno de nosotros tenemos derecho a tener nuestros proyectos e iniciativas favoritas, pero tenemos la obligación de financiarlos nosotros mismos, no exigir que otro que no tiene nada que ver ponga la plata.
Saludos,
Luis

El estilo del presidente "K"

El estilo del presidente "K"
Por Andrés Benavente Urbina

Diario Financiero (Chile)
Fecha: 30/4/2004

Andrés Benavente Urbina, Director Programa Observatorio del Entorno Empresarial, Facultad Economía y Negocios, Universidad Diego Portales

En Argentina hay una singular manera de nombrar el presidente Néstor Kirchner: usando solamente la inicial de su primer apellido. Esta denominación tan particular -ampliamente difundida por la prensa - es consonante con otro rasgo que está caracterizando a su gestión de gobernante: el incumplimiento de los compromisos y además, el usar este expediente para presionar a la contraparte a ceder posiciones en su beneficio.

Así lo ha hecho con el Fondo Monetario Internacional. Cada vez que su gobierno ha debido negociar para reprogramar la deuda o cuando ha debido cumplir con alguna obligación financiera, ha amenazado con no pagar, con entrar el default. El FMI, aun a costa de asumir el riesgo moral, ha terminado cediendo por cuanto considera políticamente inconveniente dejar que Argentina entre en moratoria. Se da así un paradojal escenario, donde el acreedor accede a las exigencias de un deudor que está en una posición de rebeldía.

Así lo ha hecho con los acreedores privados de los bonos de la deuda pública. Ciertamente con el ánimo de no pagar, ha planteado que reconoce sólo el 25% del capital adeudado y que el 75% restante deben asumirlo como pérdida. Nuevamente la presión apunta a que los tenedores de los títulos acepten rebajar sus créditos con tal de no perderlo todo. Otra vez el escenario es curioso: el deudor de manera unilateral fija el porcentaje de la deuda que está dispuesto a pagar.
Así lo está haciendo con la exportación del gas natural a Chile.

Primero se dirá que no se restringirá el suministro a nuestro país sin previo aviso lo cual ciertamente no ocurrió, haciendo pasar un bochorno al ministro de Economía, Jorge Rodríguez que venía regresando desde Buenos Aires a transmitir un compromiso que ya estaba violado. Ahora, cuando se ha incrementado el recorte del gas, se ha escogido -precisamente - el día en que la ministra Soledad Alvear estaba en Buenos Aires tratando de negociar el fin o la reducción de las restricciones. No cabe duda que el estilo del presidente "K" no pasa siquiera por las formas para encubrir su voluntad transgresora de la más elemental juridicidad.

El presidente "K" es un ejemplar raro en la región. Distinto al presidente Da Silva de Brasil, quien haciendo gala de su larga tradición de dirigente sindical es absolutamente fiel a los compromisos que contrae aun cuando ello le pueda acarrear impopularidad. Eso le ha dado no sólo credibilidad sino respetabilidad en los mercados y en los organismos financieros internacionales.

Radicalmente diferente del presidente Battle de Uruguay, hombre de juicios lúcidos y certeros que ha sabido remontar una crisis económica con vocación de país, cumpliendo obligaciones, sin entrar en cálculos coyunturales o mediáticos. El estilo "K" es otro. De un lado absolutiza la coyuntura y condiciona a ella las expectativas de futuro; habiendo sido un personaje político de tercer orden que rescata Duhalde para enfrentarlo electoralmente a Menem; llegando segundo en la elección presidencial argentina y ser elegido en virtud de la aplicación de mecanismos de excepción, se deslumbró con una repentina popularidad que ha alimentado con retóricas nacionalistas (en contra del FMI) y anticapitalistas (acreedores privados). De otro, recurre a procedimientos que se asemejan a los de la mafia, como la extorsión para lograr objetivos (en esto es un legítimo heredero de Perón); de ello pueden dar testimonio el Fondo Monetario, los tenedores de bonos y las empresas productoras y transportadoras de gas natural.

El resultado de esta acumulación de comportamientos es que está generando una formidable incertidumbre institucional en su país.Sin embargo, al fin de cuentas, cuando terminen los fuegos artificiales derivados del crecimiento rebote que muestra hoy la economía y vuelvan a comenzar las movilizaciones violentas; el estilo "K" será un eficiente tobogán a una nueva crisis, y de su gestión quedará el recuerdo de un "montonero" frustrado que se encandiló con el poder.

Argentina / Maradona

JUEVES 29 de abril de 2004

Argentina / Maradona
Por Carlos Malamud

A fines de 2000 Diego Armando Maradona publicó sus memorias con el expresivo título de Yo soy el Diego de la Gente. En ellas, Maradona dejaba claramente expresada su particular visión del mundo y su peculiar relación con su país.

En muy poco tiempo, Maradona se había convertido en uno de los mayores ídolos de la Argentina. El par Argentina-Maradona funcionaba aceitadamente y, en alguna medida, uno se reflejaba en el otro. El ídolo Maradona expresaba claramente el sentir de muchos argentinos que lo habían adoptado como símbolo y como bandera.

En estos días, cuando su ya resentida salud lo situó al lado de la muerte, numerosos seguidores se concentraban día a día montando guardia en la puerta del hospital donde estaba ingresado para velar por él. Algunos habían tenido que viajar más de mil kilómetros, desde Mendoza por ejemplo, para poder hacerlo.

Salvando las distancias, y en tanto altar popular y laico, los aledaños del hospital se habían convertido en una suerte de la madrileña estación de Atocha después del 11-M. Los fans de Maradona, desplazados a la Clínica Suizo Argentina, portaban la bandera argentina o estaban ataviados con las camisetas de la Selección nacional o del Boca Juniors.

Maradona dedica Yo soy el Diego de la Gente a mucha gente. Pero, en un segundo bloque, inmediatamente después de mencionar a sus hijas y a su familia, menciona “A Fidel Castro y, por él, a todo el pueblo cubano” y “A Carlos Menem”. Ahí están Castro el revolucionario y Menem el corrupto. No tiene nada que ver que ambos personajes estén en las antípodas, porque ambos reflejan el mismo espejo deformado en que se miran muchos argentinos.

Maradona dedica su libro a Menem porque lo “ayudó mucho a cambio de nada”. Entonces, los argentinos todavía querían a Menem, y lo votaban. Hoy han decidido darle la espalda al sentirse traicionados por él, a tal punto que el actual presidente, Néstor Kirchner, pretende hacer tabla rasa de la década de 1990.

Menciona a Castro porque es un personaje extraordinario (“una bestia”), que “sabe de todo, y tiene una convicción que te permite entender, viéndolo nomás, cómo hizo lo que hizo con diez soldados y tres fusiles... Uno puede estar en desacuerdo por algunas cosas con él, pero, por favor, ¡déjenlo trabajar en paz! Me gustaría ver a Cuba sin bloqueo, a ver qué pasa”.

Para Maradona, como para muchos argentinos, y pese a todo lo que ha vivido el país en las últimas décadas, el nacionalismo, el antiimperialismo y el populismo siguen teniendo una gran influencia en su ideología, en eso que se ha dado en llamar “el imaginario colectivo”.

Ese vivir fuera de la realidad de Maradona es similar al de miles de sus compatriotas. Maradona era un “pibe de barrio”, un crío que logró emerger de la pobreza y ascender a las cotas más altas. La Argentina, cuando nació como país, también era pobre, pero también gracias a su esfuerzo pudo constituirse en poco tiempo en el principal referente de América latina. Y no sólo por su riqueza, sino también por contar con una elite intelectual sumamente avanzada.

Sin embargo, uno y otra, tras probar ciertas drogas, cayeron dramáticamente desde las alturas. Maradona no pudo con la cocaína; la Argentina fue incapaz de lidiar con el populismo, que en aquellas latitudes todavía se sigue llamando peronismo.

Para Maradona, como para sus compatriotas, ser argentino es todo un orgullo, incluso por encima de los Estados Unidos, el gran coloso del mundo.

Pero ser argentino no sólo es motivo de orgullo sino también una colosal tarea, como ocurrió en la Guerra de las Malvinas, en 1982, o en el Mundial de Fútbol de 1986, cuando quedó claro “que éramos nosotros contra el mundo”.

La imagen de Maradona contra el mundo es equivalente a la de la Argentina contra el mundo, una idea fuertemente presente en la ideología argentina. Los Estados Unidos, Inglaterra, el Fondo Monetario, todos roban y están contra el país y la Argentina, como su Selección nacional o el propio Maradona, son constantemente perseguidos y traicionados. Por eso, según esta manera de pensar, la Argentina es lo que es no por el esfuerzo de sus habitantes sino por la acción de todos aquellos empeñados en que no pueda crecer y prosperar.

La historia de Maradona es la del “pibe de barrio” que triunfa y se convierte en una estrella, pero que, al mismo tiempo, no sabe cómo manejar la fama y la riqueza. En su deseo de agradar a todo el mundo y ser querido se convierte en un transgresor permanente, lo que lo lleva a descargar en otros, o en el ambiente, la responsabilidad de buena parte de sus actos, su única manera de justificar su vida.

Por eso vemos a Maradona contra todos, al rebelde con causa, al Diego de la gente, a quien sólo el pueblo entiende y es capaz de dar sentido a su vida. Pero si Maradona, en su carrera suicida hacia no se sabe dónde, puede darse el lujo de no madurar, el pueblo argentino no puede, no debe, ir por ese camino.


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El Almuerzo no es Gratis

Jueves, 15 de abril de 2004
Cómo nos ven / José Manuel Silva (Chile)Argentina: el almuerzo no es gratis

En este artículo, publicado recientemente en el diario La Tercera, de Chile, José Manuel Silva analiza las causas que hacen que hoy nuestro país tenga un PBI inferior al de Chile. Además, se preocupa por los problemas que los chilenos pueden sufrir a causa de un vecino como nosotros.

Mi colega y amigo columnista de La Tercera César Barros sugirió en su columna del sábado 3 de abril (“Cada minuto nace un idiota...”) que Argentina una vez más se la llevará gratis al romper el compromiso de venta de gas natural a Chile. Así como se llevó gratis el declarar nulo el laudo arbritral por las islas del Beagle o los otros múltiples rompimientos de contratos a lo largo de su historia reciente (y la no tan reciente también).

Tiendo a discrepar. Creo que la razón fundamental por la cual Argentina tiene hoy un PGB per cápita inferior al de Chile, por primera vez en más de 150 años, es justamente su permanente, viciosa y populista costumbre de no respetar los contratos. Tanto los internos como los internacionales. Hubo una época entre 1860 y 1914 en que Argentina fue uno de los países de mayor crecimiento mundial. Al final de dicho período, nuestro vecino era uno de los países más ricos del mundo y millones de inmigrantes europeos llegaban a sus costas en búsqueda de esa prosperidad. Buenos Aires, con un crecimiento promedio anual de 6,5% entre 1869 y 1914, era la segunda ciudad más poblada del Atlántico después de Nueva York. Hacia 1911, su comercio exterior per cápita era seis veces superior al del promedio latinoamericano, superaba en cantidad al canadiense y equivalía a un cuarto del de Estados Unidos. Argentina representaba más del 12% del total de las inversiones internacionales de Inglaterra (la primera potencia mundial en ese entonces). Entre 1865 y 1914, Argentina construyó 38.000 km de vías férreas, su superficie sembrada pasó de 0,5 millones de hectáreas a 25 millones y sus exportaciones totales se multiplicaron por seis. La población del país pasó de 1,7 millón a 11 millones.

El país se regía por la Constitución de 1860, inspirada en los principios económicos liberales de Adam Smith, la que en su artículo 17 establecía la inviolabilidad del derecho de propiedad, incluso de manera más fuerte que la Constitución de Estados Unidos. Por décadas, la Corte Suprema de Argentina confirmó lo anterior y limitó fuertemente la capacidad del Estado de intervenir en la economía. Derechos de propiedad bien establecidos y resguardados, una economía abierta al mundo y a la inmigración y contratos que las cortes hacían cumplir, catapultaron a la Argentina desde un suave sopor postcolonial a mediados del siglo XIX, a un estatus de potencia mundial agroindustrial, totalmente globalizada e integrada a las mayores potencias de entonces. Lamentablemente, al igual que muchos países, Argentina sucumbió bajo el embate de los tres jinetes del Apocalipsis de inicios del siglo XX: las dos guerras mundiales y la primera depresión del mundo capitalista. Sus elites perdieron la fe en el estado de derecho, en la integración con el mundo como herramienta de prosperidad y, en definitiva, se embarcaron, especialmente a partir de la presidencia de Perón, en una aventura populista en donde los principios de la sana economía se subordinaban a los intereses políticos. La economía se hiperpolitizó.

El objetivo central del peronismo fue la redistribución de la riqueza. Los precios ya no eran un mecanismo para informar sobre las escaseces relativas de la economía y asignar eficientemente los abundantes recursos del país, sino más bien instrumentos para redistribuir la riqueza. Perón soñaba con una Argentina autárquica, desintegrada al mundo, en donde los sindicatos operaran como una herramienta corporativista controlada por el Estado y funcional a los intereses de una nueva elite. Argentina nacionalizó gran parte de las empresas controladas por capitales ingleses y creó una serie de empresas estatales orientadas a engrandecer los sueños de Perón. El Estado pasó a controlar y regular el crédito, el comercio exterior, los salarios y a microrregular decenas de industrias con normas que cada vez más eran orientadas por grupos de presión. Los sueldos pasaron de representar un 37% del producto a cerca de un 44%. Siete puntos de PGB que se restaron probablemente a la inversión. En pocos años, Argentina se farreó las cuantiosas reservas en oro acumuladas durante la Segunda Guerra Mundial y antes. El Estado argentino pasó entonces a financiar las prebendas de estos nuevos "clientes" con emisión monetaria, iniciando así el triste historial hiperinflacionario que la caracteriza.

De ser una potencia mundial con alto crecimiento, Argentina, de la mano del estatismo-clientelista peronista, pasó a ser probablemente el primer país en vías de subdesarrollo. La tragedia aún continúa hoy con la pesificación, el no pago de la deuda externa, las restricciones e impuestos a las exportaciones de gas e hidrocarburos, el garrotazo a los ahorrantes en los bancos y AFJPs, en fin, con la precaria existencia del derecho de propiedad y los contratos. La elite política creada por Perón sigue, cual sanguijuela, succionando las energías vitales de uno de los países más ricos de América. El almuerzo populista no les ha salido gratis a los descamisados que cada vez son más. En los últimos cinco años el producto nacional argentino ha caído un 8% (Chile aumentó en 16%). Lamentablemente, para Chile esto tampoco es gratis, tener un vecino en decadencia económica permanente, gobernado por personas que no quieren entender cómo funciona el mundo moderno, nos significará desafíos geopolíticos insospechados. Preparémosnos.

(El presente artículo fue publicado en el diario La Tercera, de Chile, el sábado 10 de abril de 2004.)

Canadian Health Care is Unsustainable as Currently Organized

Canadian Health Care is Unsustainable as Currently Organized

OTTAWA, March 9, 2004 – Health care in Canada—which costs more than its counterparts in most developed countries and achieves only middle-of-the-pack results—requires an annual increase of $5 billion just to maintain existing services, The Conference Board of Canada says in a new report released today.

"Health care, as currently funded and delivered, is unsustainable. It is taking up an ever-increasing share of our financial resources, while its outcomes consistently show room for improvement when compared with other developed countries," said Glen Roberts, Director of Health Programs.

"Health care now consumes 32 per cent of provincial and territorial revenues. That share will rise to 44 per cent in 2020, even before the demographic wave of baby boomers begins to wash onto the shore of the health care system. This funding crunch also does not account for emerging factors, such as addressing wait times for care and patient safety, that could further escalate costs."

The report, Understanding Health Care Cost Drivers and Escalators, includes a benchmarking analysis comparing Canada's performance to that of 23 other Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD) countries, using a range of 24 health-related indicators. Canada ranks 13th overall, well behind elite performers Switzerland, Sweden and Germany. Yet Canada is the sixth-highest public spender on health care and the third-highest total spender among the OECD countries.

Health care expenditures are forecast to increase by 5.3 per cent annually, or $5 billion, just to deal with structural factors over which the system has minimal control. Inflation accounts for $2 billion alone in additional costs this year. Population growth and an aging population will increase expenditures by approximately $800 million each, and meeting demand for health services from both consumers and providers will require an additional $800 million.

Prescription drugs and home care are two escalators of increasing costs. Pharmaceutical drug costs are rising annually by 9.3 per cent, or $500 million. Governments may need to examine options to control drug costs in the future, such as cost sharing, co-payments and provider incentives on the demand side, and volume purchasing as an alternative on the supply side.

Home care costs, which are projected to increase by 8.7 per cent annually, will require governments to assess the appropriateness of institutional care compared to home care, and balance outcomes with costs.

Overall, health care will continue to consume a greater share of public funds if the current conditions persist.

"Health care in Canada needs a new vision, one focused on making Canada's population the healthiest in the world. This will require a balance of investments in health, health care and the broader determinants of health, such as education and environmental stewardship," said Roberts.

The report was prepared for Alberta Health and Wellness as an independent, third party study of the health care systems. It is available at www.conferenceboard.ca.

For more information contact:Brent Dowdall, Media Relations, Tel: (613) 526-3090 ext. 448E-mail: corpcomm@conferenceboard.ca

La selectividad de la memoria

MARTES 23 de marzo de 2004

La selectividad de la memoria
Por Rosendo Fraga

La memoria siempre es selectiva. Es un reflejo psicológico normal recordar lo que uno quiere y olvidar lo que no quiere. El tiempo es, además, el tiempo de esta selección que construye, desconstruye y deforma los acontecimientos, hechos, experiencias y vivencias.

Esta selectividad es inevitable en los pueblos, pero los gobiernos, a quienes les corresponde establecer una memoria estatal, deben evitar la subjetividad que los lleva a construir una memoria parcial o unidireccional, sobre todo cuando hay países que, como la Argentina, tienen dificultades para procesar su historia.

El año pasado tuvo lugar un hecho central, como fue el sesquicentenario de la sanción de la Constitución de 1853. En mi opinión, es el hecho histórico central para la construcción de la Argentina después de la declaración de la Independencia.

El 1º de mayo de ese año nació la continuidad institucional argentina. Una simple revisión de nuestro proceso histórico nos muestra que mientras se respetó la continuidad institucional de nuestro país entre 1853 y 1930 –todas las crisis fueron resueltas en el marco constitucional–, la Argentina logró tener el mejor desarrollo económico del mundo y ser el país que recibió más inmigración europea con referencia a su población originaria.

Cabe recodar que en este período, la Corte Suprema fue el más estable de los poderes. Nunca se aumentó o redujo la cantidad de miembros, se forzó una renuncia o se promovió un juicio político. Es más: entre 1904 y 1928, a lo largo de siete presidentes -desde Roca hasta Yrigoyen- el país tuvo el mismo presidente de la Corte, que fue el doctor Antonio Bermejo.

No haber recordado el aniversario de la Constitución implica un imperdonable olvido para la necesaria memoria de nuestro país. Y creo que fue olvidado, porque recordarlo es tener que reconocer que la ideología básica que permitió a la Argentina ser el país que más progresó en el mundo, implica tener una mirada crítica respecto de cómo se están encarando muchos de los problemas del país.

A ello se agrega que el 4 de junio del año pasado se conmemoraron los sesenta años del golpe militar que desplazó al presidente Castillo y que dio por tierra con la democracia limitada que había tenido lugar entre 1930 y 1943. ¿Por qué tampoco se recordó este hecho, que tuvo un papel importante en la evolución político-institucional del país? Supongo que la razón ha sido que hacerlo es asumir que el partido que hoy gobierna la Argentina, el peronismo, al cual pertenece el presidente Néstor Kirchner, surgió de un golpe militar y que su líder y fundador fue figura clave de ese golpe y ministro de Guerra, secretario de Trabajo y hasta vicepresidente de un gobierno de facto.

Si bien se trata de un suceso que tiene una lógica histórica, visto desde la perspectiva de hoy, parece una gruesa contradicción ideológica que el partido que hoy gobierna la Argentina haya tenido su origen en un golpe militar, y que su líder y fundador haya sido vicepresidente de facto.

Incluso la misma memoria de Perón está siendo relativizada por el simple hecho de que explicar a las nuevas generaciones que se trataba de un militar puede parecer contradictorio en momentos en que las fuerzas armadas y sus errores son sindicados como única causa de los desastres nacionales.

Se prefiere olvidar el sesquicentenario de la sanción de la Constitución de 1853 y el golpe de 1943 para centrar la memoria exclusivamente en los veintiocho años del último golpe militar.

En la conmemoración de este hecho vuelve a plantearse una visión selectiva. Si recordamos el golpe militar, lo lógica hubiera sido ubicar la Casa de Gobierno como escenario de la conmemoración y, además, hacer participar de ella al presidente constitucional de entonces, que es Isabel Martínez de Perón, quien vive en Europa.

¿Por qué en la conmemoración del vigésimo octavo aniversario del último golpe militar decidimos olvidar nada más y nada menos que al Presidente constitucional derrocado, que además vive?Es que recordarla es reconocer que las violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar en los años ’70 no comenzaron exactamente el 24 de marzo de 1976 como se plantea en la conmemoración del golpe al centrarla en el predio de la ex Esma y en la represión ilegal.

Recordar a Isabel es tener que reconocer que la Argentina estaba viviendo un período de violencia inédito, que los asesinatos y atentados terroristas, como las detenciones ilegales, torturas y desapariciones habían comenzado tiempo antes del golpe militar y que el proceso se había iniciado durante un gobierno constitucional. Por esta misma razón, se decidió impedir que este año se conmemorara el trigésimo aniversario del ataque terrorista al Regimiento Blindado de Azul en 1974 o el ataque al Regimiento de Infantería Mecanizado de La Tablada de 1989.

En el Gobierno nacional sólo el ministro de Defensa señaló la necesidad de reconocer que existió una agresión terrorista en los años que se produjeron las violaciones a los derechos humanos. Pero, paradójicamente, no se permitió incluir dicho concepto en la autocrítica del almirante Godoy y cuando el jefe de la Fuerza Aérea realizó una reflexión análoga ello motivó un injustificado enojo del Gobierno.

El problema se presenta cuando una memoria selectiva en lugar de resolver problemas puede generarlos. Los jóvenes que en el centro de Buenos Aires el jueves 18 de marzo agredieron físicamente a un hombre de 81 años como Roberto Alemann en un hecho que no tuvo el necesario repudio por parte de las autoridades oficiales, hicieron lo que hicieron impulsados por una memoria selectiva de la historia. Es que la memoria y su interpretación nos pueden llevar a la tolerancia política o también al odio.

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