No hay nada más emocionante para el ciudadano común y corriente, que descubrir la presencia de líderes en las instituciones nacionales. En tiempos políticos cada vez más convolutos, quienes eligen servir a sus compatriotas a través de las instituciones legislativas encuentran, casi siempre, que sus ideas tienen que pasar por el tamiz de las "comisiones", el "consenso", la "tranza", y hasta la "aprobación" previa de los otros poderes.
Es por eso que, cuando aparece un proyecto de ley unipersonal, a uno le viene a la memoria representantes de la talla de Alfredo Palacios, solo contra todos, buscando imponer con ardor y vehemencia sus ideales como debe ser, en el campo de batalla de la República: el sagrado recinto parlamentario.
(Recién me doy cuenta que Rubén posteo al respecto...ayer! Y bueh! a las causas nobles hay que darles difusión)
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