Feb 28, 2010

Hace frío y estoy lejos de casa

En 1984 todo comenzó con unos animales muertos. Una mañana un señor que vivía en la zona encontró a dos o tres de sus cabras casi despedazadas en el patio. Ese invierno fue muy frío y nevó en los Valles Calchaquíes. No fue la clásica caída de garrotillo de casi todos los años, que se derrite en cuanto sale el sol. Ese año fue nieve de verdad, de la que dura varios días.

La nieve había convertido en mágica a una región de una belleza extraordinaria. Me acuerdo que fuimos toda la familia en el auto a sacar fotos, que todavía deben andar por algún lado. Ya no era el paraje aislado que fue hasta que hicieron la ruta a fines de la década del 50, pero tampoco tenía el movimiento turístico que alcanzó después. Viéndolo desde ahora, qué locura. Arriesgarse a subir un camino de montaña nevado en un R12 con motor 1,4 litros, sin cubiertas de invierno.

En el noticiero de la noche de Canal 10, Silvia Rolandi leyó la noticia como al pasar, justo antes del cierre, y lo atribuyó a algún perro hambriento abandonado por alguna de las familias que tenían casa de veraneo en Tafí o El Mollar.

Según nos enteramos después, hubo por lo menos un ataque más a animales domésticos en la zona, después de las cabras. Pero la cosa pasó definitivamente a ser noticia de tapa cuando encontraron a Tiburcio Mamaní.

Don Mamaní era un jubilado de la municipalidad de 60 y pico, que vivía con su esposa en las afueras de Tafí del Valle. Para llegar a fin de mes, complementaba su jubilación haciendo de cuidador de varias casas de fin de semana de la zona. Los dueños, por lo general de San Miguel de Tucumán, siempre contrataban a alguien que las vigile de cerca fuera de temporada para tratar de evitar los robos.

Mamaní se daba por lo menos dos vueltas al día por las casas que cuidaba. La primera bien temprano a la mañana y la segunda a la tardecita, antes de cenar, para ver si estaba todo bien. Si tenía tiempo y ganas, pasaba también cerca del mediodía, antes de tirarse un rato a la siesta.

Según contó su esposa, la mañana después de la nevada había salido bien temprano en su bicicleta, como siempre, para hacer el recorrido. Fue la última vez que lo vio con vida. Lo encontraron a unos 50 metros del camino, en donde había quedado tirada la bicicleta. La policía no tuvo más que seguir el reguero de sangre en la nieve hasta el lugar donde estaba el cuerpo, en el que las gotas se convertían en un charco rojo.

Contrariamente a la imagen que tiene mucha gente en el resto del país, a pesar de la pobreza relativa, Tucumán es California al lado de las provincias vecinas. Tal vez sea por las distancias más cortas o porque se dio un incipiente proceso de acumulación capitalista en algún momento por la caña de azúcar y los ingenios. Aún así, el nivel de desarrollo de la investigación forense de la policía de la provincia en esos años debe haber sido bastante precario.

La cuestión es que nadie tenía idea de lo que había pasado. Al principio se dijo que lo habían apuñalado para robarle (tenía “heridas cortantes”, no de bala). En la zona sabían que muchas veces andaba con plata que le dejaban los dueños de las casas que cuidaba para hacer reparaciones de emergencia.

La cosa cambió a los pocos días con la aparición del segundo cadáver. La nieve todavía no se había derretido.

Jorge Lorenzo era un viajante de una empresa textil de Rosario, Santa Fe. Viajaba seguido por el Noroeste. Había llegado a Tucumán desde Las Termas en su Peugeot 504, el baúl y el asiento de atrás repletos de muestras de telas, justo a la hora de la siesta. Como de costumbre, iba a hacer tiempo tomando un café y leyendo el diario en alguna confitería de la 25 de Mayo hasta que abrieran los negocios. Pero esa vez un mozo le había recomendado aprovechar de ir a pasear por los cerros porque estaban muy lindos con la nieve.

Aparentemente, por algún motivo (a juzgar por la mancha amarilla en la nieve, a orinar) paró al costado de la ruta justo después de entrar al valle. El chofer y el acompañante de un camión de reparto de la Torasso vieron el auto estacionado con la puerta abierta y el motor en marcha de ida a El Mollar. Cuando de vuelta, una hora después, notaron que el vehículo seguía en el mismo lugar, avisaron a la policía.

Los canas de Tafí encontraron el cuerpo varios metros barranca abajo, sobre unas piedras. La poca nieve que quedaba teñida de rojo.

Nadie entendía nada. Ahora el consenso parecía ser que lo había atacado el mismo perro o perros salvajes que habían atacado a las cabras. En el noticiero de Canal 10, Silvia Rolandi entrevistó a un biólogo medio pelado y de anteojos del Instituto Miguel Lillo, que supuestamente había sido consultado por la policía de la provincia para confirmar la hipótesis del ataque de un animal salvaje.

“Mire, Rolandi, le digo lo mismo que le dije al comisario esta mañana. Así a ojo, sin moldes de yeso ni nada, no conozco ningún perro que pueda atacar de esa manera a un ser humano adulto. Lo único que se me ocurre es un puma. Pero acá en Tucumán casi no quedan”.

Viviendo tan cerca del lugar de los hechos, la imaginación popular trabajaba a mil por hora. Nos sentíamos protagonistas de una de las películas de miedo que daban los fines de semana en el Marconi.

Héctor Cogorno, un compañero de otra división de la secundaria, tenía una teoría. Consideraba que era una autoridad sobre el tema porque su papá era policía en Monteros y lo habían mandado a Tafí por unos días para colaborar en la investigación. Ojo, porque manejaba “información privilegiada”.

Según Héctor, Don Cogorno le había contado a un grupo de parientes y amigos que los cuerpos tenían marcas de dientes y garras como si los hubiera atacado algún animal salvaje de gran tamaño, mucho más grande que un perro doméstico normal. Las huellas en la nieve y la cantidad de sangre confirmaban la hipótesis.

El joven Cogorno estaba convencido de que los Valles Calchaquíes estaban siendo aterrorizados por un lobizón y tenía dos recomendaciones inmediatas para las autoridades a cargo del tema: 1) verificar las actas de los registros civiles de la zona para comprobar si alguna familia había tenido un séptimo hijo varón y b) armar inmediatamente a la policía con balas bendecidas y agua bendita. Me imagino que la idea era buscar a algún niño inscripto con el nombre de Nazareno Cruz.

Pero al final la nieve se derritió y no hubo más casos, ni de humanos ni de animales. Y con la nieve, desapareció la noticia de la televisión y de los diarios.

---

La próxima vez que me acordé del tema fue seis años después, durante el invierno de 1990. Ese año también hizo un frío terrible. Unos amigos norteamericanos que paraban en casa de visita por unos días no lo podían creer. ¿Dónde quedaba el estereotipo de la exuberancia tropical sudamericana? Nevó en los Valles Calchaquíes, nevó en Salta capital y por poco también queda todo blanco en San Miguel de Tucumán, Tucson para los lugareños.

Un par de días antes de la nevada me llamó la atención leer en un recuadrito perdido en La Gaceta que habían encontrado varias vicuñas muertas en el campo de un criador de los Valles Calchaquíes. Aparentemente las habían atacado un animal salvaje, probablemente un perro o puma.

Ya en un estado bastante avanzado de déjà vu, a los pocos días escuché en el noticiero que al día siguiente de la nevada habían encontrado el cadáver de un empleado de Vialidad en la ruta cerca de Tafí. Este señor había estacionado la camioneta en el camino para reparar unas señales. Estaba tirado a varios metros de la ruta, en unos pastizales, la nieve como achilata. Las primeras sospechas era que se trataba de un accidente de tránsito. Lo había chocado alguien que se dio a la fuga.

A los dos días encontraron a un alumno de la Facultad de Educación Física de El Rodeo, Catamarca, al pie de una ladera de piedra. La bicicleta estaba tirada a un costado y llevaba equipo de escalamiento. Sus compañeros decían que había cargado la bicicleta en el colectivo de la seis de la mañana en la terminal para pasar todo el día en los valles. En la televisión decían que se había caído al intentar subir por la ladera de una montaña.

Yo no lo podía creer. ¿Era el único que se acordaba de lo que había pasado en el invierno de 1984? ¿Nadie lo iba a relacionar con estos nuevos episodios?

Me acuerdo que hasta pensé en mandarle una carta sobre el tema – en esa época no había correo electrónico ni nada - a Julio Rómulo Potolicchio, el periodista que había heredado el trabajo de Rolandi en el noticiero en Canal 10.

Por esas casualidades de la vida, un compañero de la facultad de Victorio, un amigo que estudiaba medicina, estaba haciendo una pasantía forense en la morgue judicial, el lugar en el que terminaron los dos cadáveres mientras duró la investigación de la policía. Lo que se comentaba era espantosamente similar a lo que se decía durante 1984. Tal vez este tipo de eventos afiebran la creatividad de verdad.

Según había escuchado el amigo de Victorio, los cuerpos tenían cortes y desgarraduras consistentes con el ataque de un animal salvaje de gran tamaño. Los canas también habían notado las huellas en la nieve y la gran cantidad de sangre. Lo más extraño de todo, lo que no les cerraba a los médicos forenses, era que los cuerpos estaban enteros. Si realmente se trataba de un ataque de un animal, no había sido por hambre.

Al final, como pasa siempre, la nieve se derritió y no hubo más ataques ni de bestias ni de cristianos, como decía mi abuela. Y como la nieve, la noticia desapareció de la televisión y de los diarios.

Nosotros nos mudamos a Buenos Aires y nunca más se me ocurrió prestar atención a las noticias de la zona durante los inviernos de frío anormal y nieve.

Siempre me quedó la duda de si en países como Argentina también son tan comunes los casos de asesinos en serie o, como dicen por ahí, es un fenómeno más típico de otro tipo de sociedades. Tal vez sean más frecuentes de lo que creemos, y la poca afinidad a las estadísticas y la recopilación de información contribuyen a que pasen absolutamente inadvertidos.

27 comments:

  1. Llamen a Sea World urgente, hay que chequear la coartada de la orca!!!
    Muy bueno el relato, coincido en que la realidad esta mucho menos entendida de lo que se cree. Muchos de los trabajos que uno esperaría que se hagan concienzudamente en realidad son tristes excusas.

    ReplyDelete
  2. El Dexter que llegó del frío.

    +10 por el relato, muy bien contado.

    ReplyDelete
  3. Debe ser el hijo de algún ex-gobernador con una perra y por eso lo cubren.

    ReplyDelete
  4. Che, qué buena historia!

    Está como para pasársela a los que hacen Criminal Minds, como base para un capítulo. En serio.

    ReplyDelete
  5. Muy buena historia, bien contada. Si fueras zurdo, se inscribiría en el "realismo mágico" latinoamericano -especial para captar ávidos lectores en Paris- pero no le hallarían mucha explicación a la nieve.
    A despecho del "global calenting", en invierno hay cortes de energía eléctrica y racionamiento del gas con el gobierno kirchnerista, porque hace frío y mucha gente recurre a la antisocial y destituyente práctica de usar calefacción.

    ReplyDelete
  6. Muy bueno!

    Stephen King, un poroto.

    ReplyDelete
  7. ¡Muy buena historia!

    Louis, ¿esas muertes ocurrieron siempre cuando había nieve y dejaron de ocurrir al irse la nieve?.

    De ser así, el próximo invierno hay que buscar al asesino entre ¡¡¡los muñecos de nieve!!!

    ReplyDelete
  8. Pregunta indiscreta Louis ¿sos monterizo?
    Yo pasé todos los veranos por la zona de los hechos desde el 77, con mis abuelos desde Monteros hacia Amaicha.
    Relato clásico de Expedientes X.

    ReplyDelete
  9. Lazags, no, no soy de Monteros, pero viví varios años en la zona.

    ReplyDelete
  10. Muchas gracias, Don Enmasca, muy amable.

    ReplyDelete
  11. Muchas gracias, Julio, a vos te deben quedar más claros muchos de los detalles que incluyo en el cuentito. Más que realismo mágico es una especie de "recuerdos de provincia" versión Stephen King.

    ReplyDelete
  12. Muchas gracias, Max, Mike y Fiura!

    ReplyDelete
  13. Excelente! Me tuviste en vilo hasta el final!

    Ahora faltaría un muchachito de la película que llega a la zona en el invierno de 2010, para tratar de entender lo ocurrido. En eso está cuando lo sorprende un temporal de nieve, y mientras recuerda a la madre de Al Gore, descubre que... si!! el asesino es... el neoliberalismo genocida!! Sin embargo, no puede contarle a nadie el hallazgo, pues la CIA comienza a pisarle los talones, para mandarlo con Mamani. Afortunadamente, cuando un agente yanki lo atrapa y está por gatillarle una 45 en la sien, ésta se le atora, y el muchachito logra escapar con lo justo. Un instante después, un alud de nieve sepulta al agresor, y el muchachito se refugia en una casa de la zona, en la que vive -solita- una geóloga rebelde, que lo invita a pasar el invierno allí. La música de Ariel Ramirez hace el resto. Títulos.

    ReplyDelete
  14. buenisima la historia. entre el asombro y la nostalgia (onda "CAMIONES DE REPARTO DE TORASSO").. se me pianta un lagrimon jeje. Soy un salteño viviendo en santa fe y reconozco casi como propios todos los lugares de los que hablas. Genial el blog. Abrazo

    J L

    ReplyDelete
  15. Es cierto, es una buena historia. Y esa zona de los valles está sumida en relatos del estilo. La luz mala, los aquelarres de viernes a la noche, las cuevas de la brujas, el hombre lobo. Bah, si me pongo a pensar un poco en el llano está la mulánima, el familiar. Uy! me acordé de la famosa anécdota del vino (también famoso) Casillero del Diablo. El dueño de la incipiente bodega Concha y Toro (en Chile), cansado de que los peones le birlen el vino inventó la historia que en el lugar donde guardaba el mejor de sus caldos vivía el diablo. Mágicamente, el vino dejó de ser sisado.
    La moraleja es útil, creo, para demostrar cómo en nuestro continente siempre se ató la realidad a lo fantástico para explicar una existencia que nunca tuvo el coraje de desentrañar.
    Saludos

    ReplyDelete
  16. Se acuerdan de Kolchak?

    Bueno, éste parece un caso de los que se ocupaba él.

    Qué buena serie que era...

    ReplyDelete
  17. Louis, ¿nunca se abordó la pista 'chupacabrera' para estos casos? Porque de vez en cuando aparecen animales mutilados y se alude invariablemente al misterioso bicho.

    ReplyDelete
  18. Juan, me diste material para el próximo cuentito.

    ReplyDelete
  19. Francisco, es cierto. Algo debe haber de universal en ese fenómeno porque me acuerdo de casos desde que era muy chico.

    ReplyDelete
  20. Lazags, jefe, no me queme el material. En LA hay un empeño muy grande por vivir en la fantasía permanente. Tal vez sea un intento de escapar de una realidad que peude llegar a ser brutal.

    Yo creo que el problema no es la ficción en sí misma - a mi me gusta mucho - sino la dificultad o incapacidad de distinguir entre la realidad y la ficción.

    ReplyDelete
  21. En los X-Files hubo un capítulo dedicado al Chupacabras, La Tierra gira o algo así se llamó.


    Así que admirador de Kolchak, mirá vos. A mí también me encantaba, la veía con mi papá, hace como treinta años (OMG!)
    El último episodio que ví con él fue uno sobre Helena de Troya. Me quedó la imagen de la mujer a la luz de la luna, mientras se consagraba a Hékate...

    Bueno, en otro capítulo de los X-Files (en dos, creo) aparece Darren McGavin como el iniciador de los expedientes.
    Un guiño de Chris Carter a Kolchak, en reconocimiento a la serie que lo inspiró y de la que era fana.

    Qué increíble, cómo pasan los años!
    Volvería a ver todo de nuevo. Si éso me llevara atrás en el tiempo...

    ReplyDelete
  22. Petacular!

    Y un kilo de recuerdos para este tucumano. De yapa.

    ReplyDelete
  23. Vos que te calentabas con Silvia Rolandi, degenerado.

    ReplyDelete

Note: Only a member of this blog may post a comment.