Nov 23, 2004

Los fondos para la UBA

Hace unos días leía en un diario sobre la vuelta de otro clásico argentino (no estoy seguro si alguna vez se fue, sólo permanecía en estado de hibernación). El rector de la UBA, Jaim Etcheverry, reclama al gobierno federal un aumento del presupuesto para la universidad. Esta vez se trata de algo así como duplicar o triplicar los fondos.

El argumento que usa el prestigioso rector es que, medida por alumno, la inversión de la universidad es considerablemente menor que la que realizan universidades comparables, como la de San Pablo, en Brasil; ni que hablar si comparamos con universidades del primer mundo.

El problema con este tipo de comparaciones es que, como decía un profesor de matemáticas en la secundaria, estamos mezclando chanchos con batatas. No hay que ser un destacado analista de políticas educativas internacionales para darse cuenta de que en un sistema donde no hay prácticamente ninguna restricción al ingreso ni permanencia, el número de “alumnos” es potencialmente infinito. En un sistema como el de la mayoría de las universidades públicas argentinas, incluida la UBA, donde en muchos casos ni siquiera existe el requisito de la secundaria aprobada para ingresar, podríamos decir que en teoría el número de “alumnos” es equivalente a la población del país en edad escolar.

Además, por qué no incluir a porciones de la población de países limítrofes, que frecuentemente asisten a universidades argentinas. Por lo tanto, siendo previsores, deberíamos tener un presupuesto universitario equivalente al PBI argentino para poder invertir una cifra por alumno comparable a la de otras universidades.

En sistemas como el de la mayoría de las universidades públicas argentinas, lo correcto no es medir la inversión por "alumno" sino por graduado. Así medida, tenemos la simpática sorpresa de que la inversión (o el gasto, en el caso de la UBA) es prácticamente igual a la de otras universidades de países comparables al nuestro. Medir la inversión por graduado tiene además la ventaja de dejar al descubierto la monumental ineficiencia del uso de los fondos en las universidades públicas, el despilfarro liso y llano, además del vergonzante lastre que significa esa masa de “alumnos” que pululan por las facultades por años y años, sin la menor exigencia académica ni para ingreso ni para permanencia.

Lo más interesante de todo esto no es que se sigan repitiendo estos viejos y trillados disparates para obtener más fondos para seguir con la vergüenza del despilfarro, sino que lo haga un intelectual de la talla del actual rector. Esto me hace pensar que el problema no está en las personas sino en el sistema o en los valores que predominan en nuestra sociedad.

1 comment:

  1. muy bueno el artìculo.. menos nùmeros que el de Isidro pero màs conceptual... la UBA fue buenìsima, pero la falta de restricciones para entrar estàn destruyendo hasta los edificios!!!
    Jacinta

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