Jul 20, 2005

Terrorismo

Hace unos años tomé un par de cursos de negociación como parte de un plan de desarrollo profesional. El primer punto que cubrimos en la clase fue que sólo se puede dar un proceso de negociación si se dan dos condiciones básicas: 1) debemos tener un interlocutor válido y 2) deben existir intereses en común. Pueden parecer cuestiones de perogrullo, pero creo que es muy importante tenerlas en cuenta.

Por ejemplo, Pepe quiere vender su casa y yo la quiero comprar, me siento con él a discutir el precio. Unos terroristas secuestran un avión y exigen la liberación de lo que ellos consideran prisioneros políticos, podemos hablar de las condiciones y cantidad de prisioneros a liberar con el líder. El gremio de los pizzeros y afines quiere un aumento de sueldo y amenaza con una huelga, podemos negociar la magnitud del aumento con el jerarca sindical.

Mucha gente en la actualidad, sin duda con muy buenas intenciones, reclama una solución negociada al problema del terrorismo fundamentalista islámico. Sostienen que debemos dejar de lado la “solución militar” y ponernos a negociar. Se trataría de la única manera en que podremos terminar realmente con el problema.

La gran pregunta que me hago es con quién debemos negociar, cuál es el interlocutor valido y representativo de la otra parte. ¿Bin Laden tal vez, alguno de sus lugartenientes o competidores en el horror? Como ya lo comprobaron los israelíes hasta el hartazgo, existen serias dificultades para identificar claramente una contraparte en este proceso de negociación. Sencillamente porque no la hay. Se trata de un conglomerado de sátrapas, muchas veces enemigos entre ellos, que de abrogan la representatividad de tal o cual grupo. Pero esta es solo la primera de las dificultades.

¿Cuáles son los objetivos de los terroristas, qué es lo que pretenden, qué quieren lograr? En el mejor de los casos, sólo podemos especular sobre sus motivaciones. Los justificativos que escuchamos por sus acciones criminales cambian según cambia el escenario político internacional. Antes de la invasión a Irak, bin Laden justificaba la voladura de las Torres Gemelas por el “criminal embargo", que para muchos países era la alternativa a la guerra; en el caso de España se trató de las tropas españolas en Irak; en los de la AMIA y la Embajada de Israel en Buenos Aires, se debió a la participación de la Argentina en la primera Guerra del Golfo.

Por otro lado, si nos atrevemos a tomar literalmente las constantes y permanentes declaraciones y la literatura de esta gente, podemos comprobar que han repetido hasta el cansancio lo que muchos todavía no quieren oír, sus objetivos son terminar con los infieles. No se trata de la derrota de Israel, EEUU, y todo Occidente, sino de su aniquilación lisa y llana. Deben dejar la faz de la tierra, ya que su sola existencia constituye una afrenta intolerable.

Como decía antes, sólo es posible un proceso de negociación si hay intereses en común. Si las exigencias de los terroristas fueran el retiro inmediato de las tropas de EEUU de Irak y tuviéramos un interlocutor válido, podríamos sentarnos a negociar. Tal vez no seria fácil, pero por lo menos sería posible. Pero si el objetivo declarado de nuestra contraparte es nuestra desaparición física, nuestro total exterminio, debemos admitir que no hay negociación posible. A no ser que nos sentemos a hablar de si nos van a dar una muerte rápida y más o menos piadosa. Un balazo en la nuca en lugar de degollarnos con una cimitarra.

Creo que es una reacción natural tratar de sobrellevar el temor pensando que hay salidas fáciles y a la vuelta de la esquina para estas situaciones. Las tácticas pacifistas de Ghandi funcionaron porque se enfrentaron a una república monárquica. Creer que podemos zafar de esta situación con el apaciguamiento y el verso es una ilusión que nos puede costar muy caro.

1 comment:

  1. Excelente comentario. Lamentablemente el paralelismo que hacés con Israel es exacto. Las rpresalias del ejerciot Israelí, y el famoso muro es lo único que ha conseguido realmente parar la intifada.
    Lo que falta ver es como se traslada esta experiencia.

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