Feb 28, 2012

En la segunda mitad de los 80

Había una chica holandesa, muy linda y muy simpática, becada por un año haciendo el 5to año de la secundaria en una ciudad del interior de una provincia del NEA.

Esta chica no terminaba de entender gran parte de la realidad de la Argentina de esos años – desde demasiados puntos de vista, extrañamente parecida a la actual. Entre las cosas que no le entraban en la cabeza era el nacionalismo y orgullo Argentina-es-el-mejor-país-del-mundo-por-lejos–callate-la-boca-bocadito-Holanda-con-patas de sus compañeros y mucha de la gente con la que tenía trato apenas se enteraban que era extranjera.

Una vez, ya tarde en una reunión, se lo comentó a un profesor de la escuela, de unos 50 años. La pregunta concreta era ¿de qué se sienten tan orgullosos tantos argentinos?”. Todavía me acuerdo de su respuesta. Básicamente le dijo que muchas sociedades apelan al nacionalismo patriotero porque es lo único que les queda. En cierto sentido, una especie de “decime con qué temas y te diré de qué careces”.

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