Dialogando con los opinadores en
Hasta que punto el proteccionismo de los argentinos no es otra cosa que un terror furibundo al mundo.
Pareciera que gran parte de la mentalidad argentina está estancada en la época de la Colonia Española. Muchas formas de conceptualizar el mundo se entienden si se comprende la relación de Buenos Aires con la Metrópoli en aquella época. Ahí cierra justito.
Esa mentalidad de que el comercio es un robo es de la colonia. Porque no se cortó con el modo colonial, se perpetuó después de mayo de 1810.
Argentina es un país que se quedó en colonia, sin metrópoli. Vive anhelando y rechazando una metrópoli a la cual engancharse. De alguna forma Buenos Aires representó eso para el interior en parte de la historia argentina.
El intercambio justo, en el que ambas partes ganan lo que creen que tienen que ganar con el mismo es algo desconocido para la mentalidad argentina.
Creo que parte de la efectividad más que económica, simbólica, del menemismo fue el establecimiento del uno a uno. De alguna forma la sociedad sintió que estaba en paridad de intercambio, más allá de los beneficios económicos de la paridad monetaria. No fue sólo lo pragmático de la situación. También -y obviamente sin proponérselo, porque son cosas que funcionan a nivel inconsciente- alimentó el deseo de un intercambio vivido como justo. Una forma de empardarse con la primera potencia mundial. De ser la Argentina potencia que todos anhelamos. Estamos en el primer mundo.
Decían los curitas liberales de Salamanca que conocer el precio justo de los bienes le es dado sólo a Dios. A los hombres les queda sólo el precio del intercambio. Pero de alguna forma se busca en la mera transacción comercial algo más que el relativo valor de los bienes y la operación misma. Un precio simbólico que, además, pague la valía imaginaria del sujeto que la realiza, el ser. Deberíamos saber que en la insistencia de esa pretensión está expresada la imposibilidad de su realización.