Sep 24, 2012

Rosa Parks. Trescientos ochenta y un días.


El 1 de diciembre de 1955, Rosa Parks compró su billete y subió al autobús. Se sentó en la quinta fila, la primera reservada a las personas de su raza. Al llegar a la tercera parada, el autobús se había llenado, incluida la zona de los blancos, y cuando otros tres blancos subieron al autobús, el conductor ordenó a los cuatro pasajeros negros de la quinta fila que se levantaran para hacerles sitio.

Los otros tres viajeros se limitaron a obedecer, como tantas veces habían hecho todos los negros de Montgomery. Rosa Parks también hubiera obedecido, como tantas otras veces del pasado; pero, según cuenta en sus memorias, de repente decidió, sin saber muy bien por qué, que ya estaba bien de humillaciones. Eran ya demasiados años de soportar injusticias y afrentas, demasiados años de ser tratado como un ciudadano de segunda, demasiados años sin recibir el respeto que todo ser humano merece. De repente, sintió que el vaso se había colmado y que había llegado el momento de decir no.

- No voy a levantarme - le dijo al conductor.

- ¿Cómo que no vas a levantarte? ¿Por qué?

- Porque no creo que deba hacerlo.

- Pues tendré que llamar a la Policía para que te arresten.

- Hágalo.

Rosa Parks, en efecto, fue arrestada bajo los cargos de desórdenes públicos y violación de las normas municipales, y cuatro días después fue juzgada, declarada culpable y condenada a una multa que, al cambio de hoy, equivaldría a unos 100 euros y con la que hubiera dado para comprar 140 billetes de autobús. Pero aquel "no" de una sola mujer cambiaría para siempre la situación de todos los negros de Montgomery.

Al enterarse del arresto, uno de los movimientos por los derechos civiles de los negros repartió por la ciudad más de 35.000 octavillas instando al boicot de los autobuses municipales el día del juicio contra Rosa Parks. Aquellas octavillas decían:

"Pedimos a todos los negros que no cojan el autobús el lunes, en protesta por el arresto y el juicio. No pasa nada por faltar un día a clase. Si trabajas, utiliza otro vehículo o ve andando. Pero, por favor, niños y adultos, no subáis a los autobuses el lunes."

Aquel día, algunos se vieron obligados a andar hasta 30 km para ir a sus lugares de trabajo, pero ni uno solo de los 40.000 habitantes negros de la ciudad de Montgomery subió al autobús.

Tras la condena de Rosa Parks en el juicio, y en vista del éxito de la protesta, los activistas de los derechos civiles decidieron que el boicot a los autobuses sería indefinido, hasta que las autoridades aceptaran acabar con la política de segregación en los transportes municipales. Y así se hizo.

¡Trescientos ochenta y un días, algo más de un año, duró aquel boicot! Trescientos ochenta y un días durante los que ningún negro compró un solo billete. Trescientos ochenta y un días en los que al boicot se sumaron las manifestaciones y la presión de los medios de comunicación de todo el país, porque el caso de Rosa Parks se convirtió en todo un símbolo nacional de la defensa de los derechos de los negros. Trescientos ochenta y un días tras los cuales el ayuntamiento se dio por vencido y aceptó derogar la norma que obligaba a los negros a ocupar determinados asientos en los autobuses y a ceder su sitio a los blancos.

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