Agradezco la existencia de El Opinador Compulsivo.
Agradezco la locura de Louis y Mike que colgaban mis
comentarios como posts y, ya hartos, me invitaron, irresponsablemente, a
sumarme como co-blogguer.
Agradezco los aportes de compañeros y comentaristas sobre
mis posteos y los intercambios en los comentarios de todos los posteos.
El Opinador Compulsivo fue un compañero de ruta importante en
un momento en que mi vida lo necesitaba. Se va a extrañar su presencia.
En los momentos claves de la política del país e, inclusive,
internacional, en el día a día, a la noche, cuando había que recurrir a un
lugar confiable estaba El Opinador Compulsivo.
Aquí se podía encontrar información sin ningún interés espurio
o distorsión ideológica que la velase.
Aquí se podía dejar una pregunta, un enlace, una
recomendación. Y se compartían otros intereses de la vida, más personales, más
reconfortantes, también.
Aquí se estaba en un café virtual de amigos que charlábamos
las cosas como antaño se hacía en los cafés de Buenos Aires, esa ciudad que ya
no existe más.
Animo a aquellos que quieran fundar otro espacio similar a
hacerlo. No ha continuar con la marca, sino a fundar una nueva. Me parece que
el Opinador debe de quedar como lo que fue.
En la segunda mitad del año pasado y hasta ahora, cuestiones
estricta y profundamente personales, que necesitaron y necesitan mi mayor
atención y energía, hicieron que me alejara del Opinador y que no escribiera
más artículos, ni participara activamente como antes.
Esta, como otras cosas en mi vida, también debe cerrarse.
Agradezco el haber pertenecido a este sitio y el seguir
perteneciendo a un grupo de gente, muy diversa entre sí, que sólo tiene en
común el porfiado instinto, el deseo, por la libertad.













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