A propósito del post de Mike "
Vibra, Ketchum!", hoy me tocó vivir una situación muy propia de estos días que corren.
Domingo, típico día a dedicar a menesteres domésticos. Con mi mujer decidimos ir a comprar un colchón nuevo, así que agarramos el auto y encaramos para la casa Rosen que queda en el Jumbo/Easy de Pacífico, ahí en Av. Bullich, al lado del Regimiento de Patricios.
Cero presencia de clientes en el negocio, una sola chica atendiendo así que consultamos con tranquilidad sobre las luces y sombras de cuanto colchón nos mostró. Luego de acostarnos en todos y cada uno de ellos, nos decidimos por un colchón "Armonía" de $6.699. Sí, casi 7 lucas. Pero mi comentario viene por otro lado, olvidémonos del precio por el momento.
Luego de elegir el colchón, nos sentamos en el escritorio donde la chica nos explicó las distintas posibilidades de financiamiento: "Con esta tarjeta tenés 6 cuotas, con esta otra 12 sin interés, con aquella un 10% de descuento, etc., etc."...lo habitual en estos casos. Ninguna sorpresa.
Pero hete aquí que cuando le dijimos que lo llevaríamos, nos dice:
- "Bueno, pasame tu nombre y teléfono".
- "¿Mi teléfono? ¿Para qué?"
- "Para que te llame cuando tengamos stock, pasa que son importados..."
- "...(suspiro)...ok, anotá..."
Yo me pregunto (1): si no hay colchones, ¿cómo pretende Moreno que lo hagamos? ¿De dorapa?
Yo me pregunto (2): ¿tan bien están las cuentas públicas como para desdeñar $1.407 en concepto del IVA que hubiera recaudado el Estado por nuestra compra?
No tenemos remedio.
Nico